Violentos por pobres
Nuestra lectura de la realidad se basa a menudo en tópicos que se repiten y se transmiten sin ser revisados. Que hay chavales menores de edad que se citan en plaza Cataluña para saquear comercios y destruir lo que encuentran a su paso, será porque son pobres. Y lo pobres, ya se sabe, son de natural violento. Es el mismo mantra que se repetía cada vez que se producía un atentado yihadista y algunos sectores bienpensantes atribuían a las malas condiciones sociales en las que viven los musulmanes en Europa el vil acto de asesinar a desconocidos (no digo inocentes porque la expresión parece llevar inscrita la justificación del asesinato de culpable). Será que habrán ascendido todos por la escala social y por eso ya no se dedican a atropellar a la gente. En este caso los comprensivos que tan bien entienden a los “diversos” siguen sin caer en la cuenta de lo ofensivo de ese razonamiento: es terrorista porque no tiene nada. Con lo cual la pregunta obligada es: ¿pueden tener ideología los miserables? Esa mirada paternalista tiñe hoy la comprensión de las últimas protestas juveniles convocadas los sábados en distintas ciudades (donde se tapian los establecimientos y dentro la gente sigue comprando, ¿qué va a hacer?). Bueno, protestas no sé si son porque éstas suelen reivindicar algo, denunciar, reclamar. No hay discurso, hasta donde sabemos, solo actos de pillaje, vandalismo y destrucción. Como no entendemos quiénes son ni por qué hacen lo que hacen nos apresuramos a llenar el vacío de nuestro desconocimiento (que igual no hay nada que entender y solo se trata de eso, de robo y saqueo organizado) con relatos que nos parecen lógicos. El descontento de los chavales, claro, su precariedad y que han vivido siempre en crisis. Bueno, eso existe y es real pero dar por sentado que esos encapuchados han llevado a cabo todo un proceso de análisis de su situación y han desarrollado una consciencia de clase que los lleva a romperlo todo me parece más una proyección de nuestra visión del mundo que la realidad misma. Igual ahora soy la que peca de paternalista con los jóvenes pero lo cierto es que muchos de ellos no han salido aun al mercado laboral ni tienen experiencia real de la precariedad. Claro que si su aspiración en la vida es ser Lamine Yamal van a tener mucho por lo que cabrearse. Verás cuando descubran que los futbolistas ricos hasta lo obsceno son uno entre un millón y que ellos tienen que currar horas y horas para comprarse ni que sea el champú con que lustra sus rizos el de Mataró.
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