Las claves del cambio de Boca: de un semestre turbulento a estar a un paso de ser campeón
Fue tanto lo que cambió y tan poco el tiempo que pasó, que cuesta creer que se trate del mismo Boca. En apenas seis meses, el equipo pasó de una primera parte del año turbulenta, marcada por las eliminaciones en los octavos de final del Apertura y en la fase de grupos de la Copa Libertadores, con fuertes cuestionamientos a los jugadores, al cuerpo técnico y a la dirigencia, a vivir su mejor momento de los últimos tiempos, con la posibilidad de conquistar un título este sábado y todavía con vida en el resto de las competencias, algo que ningún otro club logró.
La vuelta al mundo en 180 días tiene varias razones. La principal está en la elección del entrenador. Rodolfo Arruabarrena regresó a Boca con el recuerdo de una primera etapa en la que había ganado dos títulos y levantado al equipo después de la frustrada tercera etapa de Carlos Bianchi. Pero también con la herida de las eliminaciones ante River en la Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015, y de la derrota por 4-0 ante San Lorenzo en la Supercopa, que terminó con su salida sin que nadie opusiera demasiada resistencia.
Años más tarde, ya con Juan Román Riquelme en la conducción, Boca apostó por técnicos de experiencia que no atravesaban sus mejores momentos y por otros con poca trayectoria, algunos de los cuales ni siquiera volvieron a dirigir. Arruabarrena conocía el club como pocos: llegó en infantiles, fue campeón como jugador y luego regresó como técnico.
Lo primero que buscó fue dejar en claro quién mandaba. Si bien Marcelo Delgado siguió como nexo entre el cuerpo técnico y la dirigencia, el Vasco se aseguró desde el arranque una libertad de trabajo que pocos de sus antecesores habían tenido. Participó en la elección de los refuerzos y armó el equipo sin importar los antecedentes de cada futbolista ni cuánto había pagado Boca por él. Así encontró un once que sale prácticamente de memoria, le dio una identidad al equipo y consiguió resultados, también con la cuota de fortuna que siempre se necesita para ganar partidos decisivos, como en las series de penales contra O’Higgins, en la Sudamericana, y Vélez, en la Copa Argentina, o en los triunfos sobre la hora ante Lanús, Racing, Vasco da Gama e Independiente.
El mercado de pases también trajo soluciones. Arruabarrena apuntó a reforzar sectores clave: el arco, con Álvaro Montero; el lateral derecho, con Raúl Lozano, y el ataque, con un nueve que pudiera disputarle el puesto a Miguel Merentiel hasta que Adam Bareiro se recuperara. También pidió un marcador central, pero la dirigencia prefirió no invertir en esa posición y contrató a Sebastián Villa. De ese intercambio surgieron refuerzos puntuales, con una inversión importante, pero sin sumar jugadores de más a un plantel que ya era demasiado numeroso y que todavía tenía a varios futbolistas en el container de Boca Predio, sin lugar en los planes del entrenador.
Durante el Mundial, mientras todas las miradas estaban puestas en la selección argentina, Arruabarrena aprovechó la pretemporada para trabajar puertas adentro en Ezeiza. La prioridad fue preparar físicamente al plantel para un semestre cargado de partidos, levantar el ánimo de un grupo golpeado y empezar a darle al equipo su sello. Gustavo Roberti, un preparador físico muy cercano a los jugadores, tuvo un papel importante en las dos primeras tareas. En la cancha, el Vasco buscó imponer una idea similar a la de su primera etapa: un Boca ofensivo, con tenencia de pelota y dispuesto a salir a ganar en cualquier estadio. No siempre lo consiguió, porque también tuvo altibajos y partidos en los que le costó imponer su juego, pero el equipo empezó a mostrar una identidad clara.
Lo curioso es que Boca mejoró mucho sin cambiar demasiado los nombres. Leandro Paredes ya estaba, el mediocampo es prácticamente el mismo y varios de los futbolistas que terminaron el primer semestre bajo la lupa hoy son piezas importantes. Arruabarrena consiguió que las individualidades elevaran su nivel y, a su vez, les dio lugar a varios jóvenes, como Facundo Herrera y Leonel Flores, que aportaron frescura y un salto de calidad. Milton Delgado alcanzó su punto más alto, Lautaro Di Lollo creció en la defensa, Santiago Ascacibar aportó llegada y gol desde el mediocampo, Merentiel se afirmó como referencia en ataque y Paredes ganó todavía más peso, tanto dentro como fuera de la cancha. Boca no necesariamente defiende mejor, porque recibió más tantos que en el primer semestre, pero tiene más peso en ataque, distintas maneras de llegar al gol y más recursos para resolver los partidos.
También cambió la cabeza. Boca juega con otra confianza, sabe sacar adelante los partidos difíciles y recuperó una fortaleza que había perdido en el primer semestre. Los buenos resultados fueron levantando el ánimo de un plantel que venía golpeado, con la remontada ante Vasco en Brasil, gracias al gol de Paredes en el final, como una de las mayores muestras de carácter. El triunfo sobre River fue otro paso adelante, no solo por lo que significó ganarle al clásico rival, sino también porque terminó de acercar al equipo a una hinchada que volvió a sentirse identificada con sus jugadores.
Tan cierto es que dos de los cinco títulos que Boca puede conquistar de acá a fin de año, la Tabla Anual y el Trofeo de Campeones, son parte de la costumbre de inventar nuevas copas de la gestión de Claudio Tapia, como que ningún otro equipo llegó a esta instancia con tantas posibilidades de ser campeón. Los números también reflejan esa mejoría: a falta de una fecha, Boca es el club que más puntos sumó en la temporada, con 30 bajo la conducción de Claudio Ubeda y otros 30 con Arruabarrena. Iguala en puntos a Argentinos Juniors, pero tiene una mejor diferencia de gol (+22 contra +12), lo que lo deja a un paso del título. Si vence a Defensa y Justicia este sábado, en la Bombonera, será campeón. Un punto abajo está Rosario Central, que solo puede consagrarse si derrota a Estudiantes de Río Cuarto en Arroyito y ni Boca ni Argentinos suman de a tres.
Boca, además, puede terminar primero en el Grupo A, donde está a tres de Instituto, y ya tiene aseguradas sus plazas en los playoffs del Clausura y en la Copa Libertadores del año próximo. Es el cuarto equipo más goleador del torneo, con 23 tantos, y el segundo que menos recibió, con 14, pese a que disputó varios encuentros con suplentes. Y es, junto con Vélez, el que menos perdió: apenas una vez, por 3-0 ante Riestra, en la primera fecha del campeonato.
De todos modos, todavía falta lo más importante. Arruabarrena lo repite desde que llegó: los buenos resultados no alcanzan si no vienen acompañados de títulos. El nivel del equipo, los triunfos y el respaldo de los hinchas cambiaron por completo el clima de un club que hace seis meses estaba sumido en una crisis. Ahora, Boca necesita confirmar esta recuperación con una vuelta olímpica. La primera oportunidad está muy cerca. Después de un semestre en el que cambió casi todo, llegó el momento de empezar a coronar.
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