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Mauricio Wiesenthal: «No se puede escribir un poema con la estadística»
Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) ha dedicado la vida a 'El maestro del amor' (Acantilado) , la leyenda de Chandala, el príncipe que eligió la pobreza para ser médico y maestro de niños. Un sabio errabundo en una India sin cronologías ni mapas. Una meditación forjada a lo largo de décadas, con hechuras de novela: relatos, meditaciones, aforismos, parábolas, apólogos y poesía. Sus referentes, el 'Siddhartha' de Hermann Hesse, las leyendas, los poemas religiosos y los tratados de Oriente, a juicio del autor, «más dotados para sobrevivir en el edén literario de la mitología». El mito no debe confundirse con los movimientos primigenios que tienden a la barbarie, advierte Wiesenthal: «El mito es el origen convertido en poesía; y yo recupero para mis contemporáneos esa idea. Porque el mito no tiene fecha, es la Historia sometida al arte».Cuando inició la obra, en el tiempo que le dejaba su trabajo de profesor, la tituló 'El explorador del misterio': «Tenía veinte años, preparaba mi cátedra de Historia de la Cultura. Mis amigos leían fragmentos de los primeros esbozos de un romance hindú y me animaban a seguir. Don José María Pemán me dijo que era una literatura para el siglo XXI y tenía razón. El libro ve la luz en 2026 y muy posiblemente es el de más valor en mi bibliografía… ¡Si lo salvé de un incendio en mi casa y del agua de un naufragio es que debe importarme mucho!», recuerda. «La India era una borrachera psicodélica. Nunca me identifiqué con ese mundo de los 'niños floridos' ni con sus cofradías««Desde entonces, las modas han ido por derroteros muy alejados de los caminos de mi pensamiento, pero creo que la literatura está necesitada de romances y canciones, igual que el pensamiento tiene que liberarse de las prisiones racionalistas donde fue encerrado», explica. En los sesenta se produjo una eclosión de orientalismo que adoptó el movimiento hippy. Un pasaje a la India que tenía bastante de pose -los Beatles con el maharishi- o de fraude (aquellos libros de Lobsang Rampa): «La India era una borrachera psicodélica. Nunca me identifiqué con ese mundo de los 'niños floridos' ni con sus cofradías. Me formé con Pascal, Chateaubriand o los místicos San Juan de la Cruz o Teresa de Jesús. Para Wiesenthal, la India es un mosaico de razas, pueblos y tradiciones: «Los cantares de gesta y el Romancero dan sentido a las culturas que la globalización ha difuminado. Cada pueblo debe tener la conciencia de su romance. Yo no busco la verdad sino la belleza», afirma.Siguiendo la senda de Pascal Wiesenthal, reconoce la Ilustración, pero sin reducirla al mero cálculo. «No olvidemos que la Ilustración desembocó en el terror: Robespierre ganó la partida a Danton. La luz de la Enciclopedia superada por la guillotina. Ser libre es poder huir de los que quieren meternos en la jaula de una ideología, grupo social, o partido político», subraya. Recordamos nuestra conversación de hace tres años a propósito de su obra 'Las reinas del mar'. La IA sería el próximo Titanic, sentenció: «Me refería a su «insumergibilidad». La IA no es infalible. Se nutre de algoritmos y memoria estadística. Necesitamos más poesía y menos prosaísmo. ¡Y no se puede escribir un poema con la estadística!»Frente a los dogmas intocables, Wiesenthal propone «horizontes de sabiduría y caminos despejados de iniciación a la vida» como el que sigue el protagonista de 'El maestro del amor' al que le cambió varias veces de nombre. «La juventud va aparejada a la ignorancia, un horizonte abierto para buscar», apunta. Aterrizan en la conversación los saqueos de comercios por jóvenes encapuchados para apoderarse de móviles, relojes y ropa de marca. «Los privilegiados utilizan a la juventud para generar el caos. En Mayo del 68 los obreros se desmarcaron de los estudiantes: los consideraban unos niñatos y unos vagos. Estos de ahora atacan la propiedad porque sienten ansia de poseer: todo lo contrario del anarquismo y el socialismo utópico. Son repartidores de los bienes ajenos», subraya Wiesenthal. El camino opuesto al del maestro Chandala: «Es restaurar la India de las castas que desprecia al viejo y al pobre». Al igual que la aventura de Julio Verne, 'El maestro del amor' ocupó más de veinte mil días a un autor que se pregunta si quedan todavía «fugitivos del mundo» capaces de reconocer una fábula y entender la literatura como vía de iniciación y sabiduría. A sus 83 años, Wiesenthal ha pasado de los perfiles a la sustancia de las cosas. El aforismo del príncipe Chandala: «Mirar las cosas como si fuera la primera vez y verlas como si fuera la última».
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