El INE no está a los pies de nadie “chamaquitos”
El INE es más allá de una persona, de un interés particular. Reducir una institución a las figuras que temporalmente la dirigen, o a las disputas políticas del momento, es un error de perspectiva histórica. La democracia mexicana le pertenece a la ciudadanía, y el guardián de esa voluntad es el Instituto Nacional Electoral.
Ha iniciado el proceso electoral más grande del país. Vienen las elecciones intermedias en las que vamos a elegir en México la renovación completa de la Cámara de Diputados a nivel federal, de manera concurrente con gubernaturas en 17 estados, congresos locales, alcaldías y miles de ayuntamientos a lo largo del territorio nacional. La logística necesaria para que millones de mexicanas y mexicanos podamos ejercer el voto libre en cada rincón del país es una obra monumental.
La tarea del INE es y ha sido titánica, lo digo como excandidata y por supuesto como ciudadana mexicana. Implica capacitar a cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas que cuidarán las casillas, diseñar sistemas de conteo seguros y garantizar que cada boleta cuente. Pensar que es un instituto debilitado es minimizar la gran labor y entrega de trabajadoras y trabajadores que, con un compromiso intachable, pasan meses, unos en oficina, otros en territorio, para asegurar la estabilidad política de la nación. La estructura del INE está viva en el esfuerzo diario de su servicio profesional electoral.
Es verdad que en el escenario político hay quien busca que la institución deba ser desmantelada o desacreditada. Quien traicionó uno de los cargos en los que más confía la ciudadanía debe muchas explicaciones y debe asumir las consecuencias legales y morales de sus actos. La institución trasciende a quienes abusan de ella. Los proveedores del servicio no son los dueños de un instituto que le pertenece enteramente a los mexicanos y mexicanas.
Este escándalo que enfrenta el INE debe hacer que la exigencia ciudadana y periodística sea más implacable que nunca con la fiscalización y los procesos internos. Este golpe de realidad no debe ser el pretexto para derribar la casa, sino para blindarla de la corrupción de los contratistas y la frivolidad. Los errores, contratos o ambiciones de ciertos actores no pueden manchar el valor de una estructura que nos tomó décadas construir como sociedad para transitar a una democracia real.
Al INE se le debe exigir transparencia absoluta y, hoy más que nunca, defender su autonomía. La democracia no es permanente, se construye día con día. Defender al INE no significa proteger privilegios, sino garantizar nuestro derecho a decidir el futuro.
Juntos, impulsemos la participación ciudadana y fortalezcamos nuestras instituciones como la única garantía de nuestra libertad democrática.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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