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La vida de Carmen Laforet como nunca antes se había contado
¿Por qué una de las mejores escritoras españolas del siglo XX quedaría relegada, no al olvido, pero sí a la definición de la mujer de una sola novela? Una escritora que publicó cinco libros largos, veinte novelas cortas y relatos y decenas de artículos en guías, periódicos y epistolares; una mujer que vivía siendo poeta y que decía de sí misma que «escribir es un estado existencial y yo soy el oficio de escritora y yo he vivido, y voy a vivir hasta el último día en el oficio de escritora». Esa mujer era Carmen Laforet, primera ganadora del premio Nadal, autora de 'Nada', pero también de 'La isla y los demonios', 'La mujer nueva', La insolación' y 'Al volver la esquina'.Isabel Fernández vio la oportunidad de contar la historia de esta gran escritora desde una perspectiva diferente. Porque, aunque se ha hablado mucho de ella, pocos habían profundizado en saber qué pensaba Carmen Laforet Díaz (Barcelona, 1921-Majadahonda, 2004) de sí misma. Y esa sí que era una historia digna de ser contada. 'Por qué no escribo nada' es un documental que recoge la correspondencia privada de la escritora y Mónica López pone voz a las cartas que relatan la vida de Laforet. Una película que llega este viernes 6 de noviembre a los cines de España y que su directora cree que «es más un ensayo, que una biografía». —¿Por qué decidió hablar de Carmen Laforet?—Era un tema que tenía pendiente. La idea nace cuando, leyendo una biografía sobre Carmen Laforet, me encuentro con la sorpresa de que lo que yo sé y lo que se me ha contado sobre esta mujer, sobre ella y sobre su obra, pues se parece muy poco a la realidad. También empiezo a ver temas que a mí me interesan, que tienen que ver con cómo se juzga o se narra la historia de las mujeres. La historia cuenta que Laforet tenía un problema existencial, personal, y esto no es así. El problema está en el relato, en cómo se lee y se cuenta la historia de las mujeres.—¿Su vida ejemplifica la historia de más mujeres creadoras?—Sí, lo que a ella le sucede, le sucede a todas, en todos los campos, con mayor o menor intensidad, con variaciones, pero es lo mismo. También insistí mucho en poner pocas referencias a la dictadura y a Franco para no tener las excusas de mirarlo y quedarte en la tranquilidad, la pereza y la comodidad de que qué duro fue vivir en esa época. Nos servía para insistir en esa idea de que no es un problema de una persona en un tiempo concreto, es una vida de una mujer creadora. Ella vive en su época, pero en el siglo XXI sigue pasando lo mismo, con diferentes matices formales y intensidad y obviamente hemos mejorado, pero está ahí la esencia de todo el problema que sigue operando.—¿Cuál es para usted el problema que sigue operando?—Que el poder está en manos de los hombres, tanto el poder económico como el de decisión, y eso tiene que cambiar. El arma más grande que existe es la palabra y estos arquetipos culturales los tenemos adoptados, son automatismos, y tenemos que ir frenando y decir, ¿qué pasa aquí? Porque cómo tú te acercas a comprender o a leer una figura femenina o masculina, está condicionado por un aprendizaje, por una cultura donde todos esos patrones están metidos y están funcionando.—¿Se la quiso olvidar porque no jugaba a su juego y se denominaba feminista?—Sí, si no juegas te apartamos. Y la diferencia es que si un hombre no juega, es un héroe. Porque está en otro ejercicio, es su arco existencial. Si en lugar de ser Carmen fuese Pablo o Pedro sería un héroe, 'outsider', súper atrevido. Pero cuando es una mujer, pues no, porque enseguida están con las facturas de la familia, el marido, los hijos, las formas...—Entonces, ¿quién era Carmen Laforet?—Es una mujer que tiene una relación con la escritura que es trascendente. No es un 'solo escribo para el público y soy famosa', que es lo que menos le importa, sino que para ella la escritura es respetar un pacto entre ella y ella y renunciar a todo lo que haga falta por el camino para ser fiel a su idea de lo que tiene que ser un escritor. Ella hizo publicas cinco novelas, pero había más, escribía y las quemaba, las rompía, las tiraba, se perdían en los viajes y en las maletas.—¿En qué medida estuvieron los hijos de Laforet involucrados en el documental?—Les informamos que teníamos esta intención, hablamos con ellos para saber si la correspondencia que todavía no se conocía era grande. Y explicarles el proyecto, que les gustase y generar una confianza. Y a partir de ahí, nada, porque ellos no han participado en nada de la película. Queríamos trabajar sobre las cartas y no tener ninguna intervención externa. Les preguntábamos cosas como, ¿qué cocinaba? o ¿qué le gustaba comer? Y cuando ya estaba la película montada hicimos una primera proyección esencial, para mostrarles la película y ver si ellos veían ahí a su madre o si había alguna cosa en la que no se pareciese.
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