De construir metros cuadrados a hacer ciudad
Durante muchos años, buena parte del mercado inmobiliario argentino funcionó bajo una lógica relativamente simple: comprar tierra, desarrollar un proyecto y vender metros cuadrados. La zona era, probablemente, el principal factor para explicar el valor. Hoy este modelo está cambiando y si bien la ubicación sigue siendo fundamental ya no es suficiente.
El verdadero diferencial está en lo que sucede alrededor de esos metros cuadrados y en la calidad de vida que puede generar un producto. El desarrollador ya no debe limitarse a construir edificios, barrios o urbanizaciones sino que tiene que pensar en infraestructura, conectividad y servicios. En síntesis, no hay que actuar como constructores de productos aislados sino ser articuladores de ciudad.
Tomás O’Keefe, CEO de Grupo Klover.La clave es crear ecosistemas
Este nuevo escenario supone también una mayor responsabilidad. Un desarrollo inmobiliario permanece durante décadas y modifica la manera en que las personas residen, se mueven, trabajan, estudian, disfrutan de su tiempo libre y se relacionan con el entorno. Por eso los proyectos exitosos comienzan a ser los que son capaces de crear ecosistemas pensados desde el inicio como una experiencia.
Mientras tanto, también cambió el inversor. Históricamente, el inmueble ha sido un refugio de valor. Si bien la tendencia continúa, a la hora de comprar la mirada es más exigente. Ya no alcanza con mostrar un buen render u ofrecer una promesa de valorización.
Aires de Hudson, uno de los proyectos de la desarrolladora en el Gran Buenos Aires.El comprador quiere ver planificación, obra y una visión clara de cómo evolucionará el proyecto. Por eso, el valor ya no está en el ladrillo sino en lo que sucede a su alrededor. Y ahí surgen oportunidades.
Aún hay tierra disponible para futuros desarrollos
En el mercado aún hay tierra disponible, ciudades con capacidad de crecer y lugares donde todavía es posible planificar antes de construir. La oportunidad está en hacerlo bien: integrar vivienda con educación, deportes, naturaleza, trabajo y espacios de encuentro. Es fundamental no incorporarlos a medida que van surgiendo las necesidades de los habitantes.
Hay lugares donde todavía es posible planificar antes de construir (Cerro Lindo, en Bariloche). Esto requiere más inversión, planificación y tiempo. Además, equipos profesionales interdisciplinarios y desarrolladores con capacidad financiera e institucional para sostener proyectos a largo plazo.
El desafío es cambiar la pregunta sobre qué se puede construir en un determinado lugar por cómo se vivirá ahí en los próximos 30 años. La respuesta, sin dudas, definirá el futuro del desarrollo inmobiliario argentino
Tomás O’Keefe
CEO de Grupo Klover.
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