“He visto al enemigo y somos nosotros”: el colapso histórico del equipo de Trump

Seis días antes de las elecciones, más de una veintena de los principales estrategas del presidente Donald Trump se conectaron a una videollamada privada.
El ambiente era sombrío. La conversación comenzó con comentarios sobre cianuro.
“¿Quieren primero la píldora blanca o la píldora negra?”, preguntó Tony Fabrizio, el encuestador jefe del presidente.
Tim Saler, uno de los principales consultores de datos del Partido Republicano, planteó dos escenarios. En el primero, el súper PAC MAGA Inc., de 400 millones de dólares, estaba llegando a los votantes a los que quería alcanzar y de los que esperaba que votaran. “Ese es el escenario optimista”, dijo.
El otro era una aniquilación.
“Estoy poniendo mis asuntos en orden”, dijo entre risas James Blair, quien dejó la Casa Blanca para supervisar la estrategia de las elecciones intermedias del presidente, según cuatro personas que estuvieron en la llamada. “Sugiero que todos los demás hagan lo mismo”.
Durante aproximadamente 30 minutos, la llamada transcurrió con humor negro: arreglos funerarios, comida de prisión, indultos presidenciales, incluso un breve acto de improvisación sobre huir del país.
“Al menos Bibi ganó. Nos protegerá”, dijo Blair sarcásticamente sobre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuyo país había votado el día anterior (el bloque de Netanyahu no logró una mayoría, y su partido pronto afirmó que la elección había sido robada).
“Tal vez podríamos pedir asilo en Israel”, dijo Fabrizio.
Colapso en las urnas
Una semana después, la magnitud del colapso republicano sería evidente.
Los demócratas irrumpieron con una enorme mayoría en la Cámara de Representantes y obtuvieron el control del Senado, una hazaña sobresaliente impulsada por victorias en bastiones republicanos —Kansas, Carolina del Sur, Texas— que pocos podrían haber imaginado hace un año.
Este relato del colapso del Partido Republicano se basa en entrevistas con más de 70 personas —entre ellas legisladores, estrategas políticos, líderes del partido, encuestadores, funcionarios de la Casa Blanca y asesores del Congreso— que estuvieron involucradas directamente en las elecciones de mitad de mandato, a muchas de las cuales se les concedió el anonimato para poder describir conversaciones y decisiones privadas.
La dimensión de la derrota distaba mucho de ser inevitable.

Los republicanos tenían una recaudación de fondos histórica, al hombre más rico del mundo, un fallo favorable de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre el financiamiento de campañas electorales y una oposición desmoralizada e impopular.
En el Senado, tenían un mapa que requería que los demócratas compitieran en estados que no habían ganado en décadas.
Y en la Cámara de Representantes, el equipo de Trump acabó con la tradición de volver a trazar las líneas del Congreso sólo una vez por década para dividir nuevos distritos que ayudaran al Partido Republicano a ganar terreno. reforzar su estrecha mayoría.
Lo que los republicanos no pudieron superar fue a un presidente que perdió la confianza del pueblo estadounidense en la economía y en muchos otros temas. Y con lo que no habían contado era con una guerra impopular en Medio Oriente —una que cerraría el estrecho de Ormuz y elevaría los precios de la gasolina arriba de los 4 dólares por galón (1,05 dólares por litro)— que haría estragos hasta llegar a las elecciones.
Y, esta vez, los demócratas estaban listos para aprovechar los errores del Partido Republicano.
Una cruda advertencia sobre la guerra en Irán
La presentación de diapositivas que Blair había compartido en el verano entre los funcionarios del Ala Oeste de la Casa Blanca era dura.
Una diapositiva vinculaba los números de las encuestas de los republicanos con una línea de tiempo de la guerra en Irán.
Mostraba cómo la ventaja demócrata se había inflado durante las hostilidades activas, se había reducido durante las conversaciones sobre un “memorándum de entendimiento” y luego había vuelto a aumentar cuando el alto al fuego se desmoronó.
Para fines de julio, los demócratas tenían una ventaja de 10 puntos en la boleta congresional.
La “conclusión” era difícil de ignorar. Estaba resaltada en amarillo: de manera concebible, los republicanos aún podrían ganar la Cámara de Representantes si los demócratas solo tuvieran una ventaja de cuatro puntos. “Pero eso no sucederá sin un alto al fuego prolongado, Ormuz abierto y los precios de la gasolina cayendo”, advertía la diapositiva.
“Un resultado final cercano a una ventaja demócrata de 10 puntos probablemente nos costaría el Senado”.

Los resultados del martes fueron aún peores: el partido de Trump está en camino de perder el voto popular nacional para el Congreso por alrededor de 13 puntos, según estimaciones del Times. Se perfila como la peor pérdida en medio siglo, desde las secuelas del escándalo de Watergate.
Incluso antes de que cerraran las urnas, Trump había comenzado a reflexionar sobre lo que podría haber sido.
“Si nunca hubiéramos entrado en Irán, ¿qué creen que habría pasado en las elecciones de mitad de mandato?”, había preguntado el presidente en privado, según una persona que habló con él.
Un segundo mandato sin controles
Lo que hizo que la guerra se convirtiera en una fuerza tan potente es que contaba una historia simple para los votantes.
Como candidato, Trump había prometido no iniciar nuevas guerras. Sin embargo, empezó una nueva guerra.
Prometió precios más bajos, pero los precios de la gasolina se dispararon y la inflación aumentó.
La historia de la implosión del Partido Republicano en las elecciones intermedias no solo fue una historia de promesas rotas; también fue una historia de extralimitación radical. Luego de que Trump se sacudiera su estatus de paria después del 6 de enero de 2021, algunos asesores creían que se había convencido de que las reglas de la política no le afectaban. Esa ilusión fue aniquilada el martes por la noche.
A lo largo de casi dos años, la arrogancia se había convertido en la filosofía de gobierno de la segunda presidencia de Trump.
Hubo una serie aparentemente interminable de artículos de investigación que revelaban que Trump, su familia y sus asociados cercanos habían utilizado la presidencia para enriquecerse descaradamente. Esos informes comenzaron a resonar entre los votantes; una encuesta de Fox News de principios de octubre señaló que la corrupción era la principal preocupación de los votantes. (Al respecto, Anna Kelly, una portavoz de la Casa Blanca, dijo: “El presidente solo actúa en el mejor interés del pueblo estadounidense. No hay conflictos de intereses”).
En 2025, Trump inició una guerra comercial con todo el mundo y sus efectos negativos todavía se sentían más de un año después en granjas de estados como Kansas, Texas e Iowa que, de manera repentina, eran competitivos en las elecciones.
A pesar de todo, el presidente mostró indiferencia ante los desafíos que enfrentaban los estadounidenses y que sus políticas habían exacerbado.
¿Precios de la gasolina por las nubes? “Un pequeño precio a pagar”, insistió Trump.
Algunos miembros de su equipo se exasperaron a medida que Trump hablaba más sobre su nuevo salón de baile que sobre la frontera, sobre campos de golf que sobre precios de comestibles, sobre decoraciones de interiores que sobre inflación.
En la víspera de las elecciones de mitad de mandato, centró su discurso final en su remodelación del estanque reflectante en el National Mall, y bromeó diciendo que estaba considerando ponerle su propio nombre en lugar del de Abraham Lincoln.
A diferencia del pasado, los demócratas en su mayoría ignoraron las distracciones diarias de Trump y buscaron relacionar la corrupción con el costo de la vida. También contaron la historia de un gobierno enfocado en las élites mientras la gente promedio luchaba —desde los asociados protegidos de Jeffrey Epstein hasta los 2200 millones de dólares en ganancias personales del presidente.
En la Cámara de Representantes, los demócratas contrarrestaron de manera rápida e inesperada el esfuerzo de redistribución de distritos de Trump y persiguieron a candidatos fuertes en las profundidades del territorio rojo para expandir el mapa. Mientras que en el Senado, encontraron una serie de reclutas de primer nivel que pusieron en juego algunos estados que antes eran impensables. En las últimas y frenéticas semanas de la campaña, los republicanos estaban redirigiendo dinero de los habituales estados indecisos de Carolina del Norte y Georgia para tratar de apuntalar bastiones tradicionales en Carolina del Sur e incluso Misisipi.

La guerra en Irán, dijo el representante Hakeem Jeffries de Nueva York, líder demócrata y ahora futuro presidente de la Cámara, ayudó a “sobrealimentar” el contraste entre los dos partidos.
Los republicanos habían tratado de presentar las elecciones de mitad de mandato como una elección entre “sentido común y locura”, atacando implacablemente a la creciente ala socialista democrática de la izquierda.
Sin embargo, la encuesta final del propio encuestador de Trump, realizada dos semanas antes de las elecciones, mostró que aunque tanto la marca republicana MAGA como los socialistas democráticos eran impopulares entre los votantes, MAGA acarreaba más puntos en contra. Cuando a los republicanos que no planeaban votar se les preguntó qué se necesitaría para recuperar su apoyo, sus dos respuestas principales fueron poner fin a la guerra y abordar la inflación.
En esa última llamada antes del día de las elecciones, los asesores de Trump fueron tanto lúcidos como cínicos sobre el estado de la contienda, y en un momento se refirieron a un aliado de Trump que se postuló para gobernador de Minnesota y exigió un recuento en su elección primaria a pesar de perder por una victoria aplastante.
“Miren, está bien”, dijo Blair al grupo con acidez. “Creo que simplemente haremos como Mike Lindell y exigiremos un recuento independientemente de cuántos puntos estemos abajo”.
Alex Pfeiffer, un portavoz del súper PAC MAGA Inc., dijo que la “visión sobria y lúcida del entorno político” del grupo llevó a invertir en contiendas de la Cámara de Representantes que los republicanos están liderando en Maine, Florida, Tennessee, Nueva York y Texas.
“Las personas que trafican con estas citas inventadas y chismes falsos no solo degradan y menosprecian la histórica y generosa inversión del presidente en el esfuerzo del partido en las elecciones de mitad de mandato, sino que también calumnian el arduo trabajo de los muchos que contribuyeron a este esfuerzo”, dijo en un comunicado. “Son cobardes y perdedores”.
Un funcionario de la Casa Blanca, que declinó hablar de forma oficial, dijo en respuesta a la información obtenida para este artículo: “El presidente Trump no estaba en la boleta, y está demostrado que los votantes de Trump se presentan cuando él está en la boleta. La calidad de los candidatos importa, y el presidente Trump hizo un mejor trabajo promocionando a muchos de los candidatos en la boleta de lo que lo hicieron los propios candidatos”.
El funcionario repitió que el presidente, quien reconoció el miércoles que la guerra afectó las elecciones de mitad de mandato, había dicho una y otra vez que Irán no puede tener un arma nuclear.
La estrategia fallida de Trump
Mientras que el senador Chuck Schumer de Nueva York, el líder demócrata, reclutó minuciosamente a candidatos de primer nivel para el Senado, Trump tomó una serie de medidas que pusieron en peligro la mayoría republicana.
Después de que la senadora por Iowa Joni Ernst dejara entrever la posibilidad de oponerse a los candidatos más polémicos de Trump y de que Thom Tillis, senador por Carolina del Norte, votara en contra de su característico proyecto de ley de impuestos y gastos, los aliados de Trump amenazaron con acabar con sus carreras. Ambos decidieron jubilarse, lo que dejó abiertos escaños vulnerables que habían estado en manos de republicanos.

En Carolina del Norte, Trump despejó el camino para Michael Whatley, un excabildero y presidente del Comité Nacional Republicano, quien demostró ser un candidato mediocre y perdió frente a Roy Cooper, el popular exgobernador demócrata del estado.
Tras la muerte en julio de Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur, Trump apoyó el nombramiento de su hermana, Darline, no solo para reemplazarlo temporalmente sino también para postularse a un mandato completo de seis años. Al hacerlo, elevó a una candidata sin experiencia y sin base de recaudación de fondos, que luego perdería en un estado que desde 1998 no había elegido a un demócrata para el Senado.
Pero ningún candidato resultó más costoso para el partido que Ken Paxton, el fiscal general de Texas asediado por los escándalos. Trump lo respaldó por encima del senador John Cornyn, el titular republicano, ignorando un año de advertencias de que Paxton pondría en peligro el escaño. Los republicanos finalmente se vieron obligados a gastar cerca de 300 millones de dólares en Texas —dinero que podría haberse destinado a candidatos en otros estados—. Y Paxton perdió por 12 puntos.
En otra llamada reciente, el equipo de Trump se burló de la ineptitud de algunos de los republicanos que intentaban elegir.
“He visto al enemigo”, dijo Blair al grupo una semana antes. “Y somos nosotros”.
Fabrizio respondió: “En muchos lugares”.
El manual de estrategia de los demócratas
En mayo de 2025, Schumer llegó a Wildflower Farms, un exclusivo centro vacacional en el valle de Hudson, en Nueva York, para un retiro secreto con donantes y funcionarios del partido. Necesitaba desesperadamente expandir el mapa del Senado.
En el retiro de Wildflower, James Talarico, un legislador estatal de Texas de aspecto juvenil, había pronunciado un discurso de cinco minutos ante la multitud reunida sobre la importancia de contar historias en las campañas. Schumer quedó cautivado. Después le comentó a al menos dos asistentes que quería lograr que Talarico se postulara para el Senado.
Para ganar el control del Senado, los demócratas necesitaban mantener todos sus escaños y revertir al menos cuatro, incluso en estados que Trump ganó fácilmente en 2024.
Schumer pasó meses cortejando a Cooper y realizó al menos tres viajes a Ohio para convencer al exsenador Sherrod Brown, quien había perdido en 2024 pero tenía una marca populista que coincidía con el estado de ánimo del país.
Schumer recuerda que le dijo a Brown, de 73 años, que “si te jubilas y perdemos la mayoría por un voto, no disfrutarás de tu jubilación”.
Ambos se postularon y ganaron.
En la Cámara de Representantes, donde los demócratas se habían quedado a tres escaños en 2024, los reclutadores salieron a cazar en distritos que Trump había ganado por 10 puntos o más, apostando temprano a que el presidente envalentonado se extralimitaría.
Un análisis posterior a las elecciones del PAC de la mayoría demócrata de la Cámara de Representantes, que circuló en abril de 2025, descubrió que dos factores resaltaban entre los candidatos más fuertes del partido en 2024: ser “percibidos como moderados” y centrarse en la economía.
“Si queríamos competir de manera más profunda en distritos rojos, necesitábamos encontrar candidatos que no fueran de inmediato desagradables”, dijo Mike Smith, presidente del PAC.
Se dispusieron a reclutar a candidatos con biografías distintivas: veteranos militares, médicos, granjeros, un bombero paracaidista, una estrella de la música tejana —prácticamente cualquiera que no fuera percibido como un político profesional—.
La guerra para redistribuir los distritos
Trump, mientras tanto, intentaba volver a trazar el campo de batalla de la Cámara de Representantes.
En la primavera de 2025, Blair, entonces subjefe del gabinete de Trump, le presentó al presidente un plan para volver a trazar los mapas congresionales a mediados de la década con el fin de lograr que los escaños fueran más seguros para los republicanos. El impulso a la manipulación de distritos electorales comenzó en Texas y pronto se extendió a otros estados liderados por republicanos.
Cuando Jeffries escuchó por primera vez sobre la maniobra de Texas, se dirigió a sus asesores con incredulidad y declaró: “Tienen que estar bromeando”. Voló a Texas para instar a los legisladores estatales a adoptar una postura, y muchos demócratas huyeron del estado para frenar el proceso legislativo.
Pero la jugada inspirada por Trump siguió adelante y los republicanos se forjaron cinco nuevos escaños que Trump habría ganado por dos dígitos en 2024 —aparentemente suficientes para soportar incluso una caída en el apoyo durante las elecciones de mitad de mandato.
Los demócratas contratacaron. Los votantes de California aprobaron el plan del gobernador Gavin Newsom para crear cinco nuevos escaños que favorecen a los demócratas, y los votantes de Virginia aprobaron un mapa creando otros cuatro, aunque la Corte Suprema del estado luego lo anuló.
Desde el principio, Blair presumió su plan de redistribución de distritos, y él y el presidente desestimaron a los republicanos que se preocupaban de que la maniobra resultara contraproducente.
Pero para abril de 2026, los demócratas tenían buenas razones para creer que habían neutralizado la amenaza rediseñando distritos en varios estados azules. Jeffries ofreció una conferencia de prensa que presentaba un cartel con las caras de Trump y Blair y una cita anónima que había aparecido en un artículo sobre la redistribución de distritos en el Times: “Guerra al máximo en todas partes todo el tiempo”.
Cuando Blair vio el cartel, le envió un mensaje de texto a uno de los principales asesores de Jeffries, Gideon Bragin: “¿Puedes enviar una copia de esto a mi oficina?”.
En cambio, permaneció en la sede demócrata de la Cámara de Representantes hasta el día de las elecciones, cuando un maremoto azul inundó incluso muchos de los distritos trazados para favorecer a los republicanos.
Los errores no forzados
A inicios de 2026, el aumento de la aplicación de las leyes de migración del gobierno de Trump se tornó violento en Minneapolis cuando dos manifestantes murieron a tiros por agentes federales. Ambos asesinatos fueron captados en video.
Trump les dijo a sus asesores que no le gustaba cómo se veían los videos.
En privado, Susie Wiles, la jefa de gabinete de la Casa Blanca, había pasado meses intentando alejarlo del enfoque de línea dura en materia migratoria favorecido por Stephen Miller, el principal asesor sobre políticas del presidente.
Poco después de Minneapolis, las encuestas internas de los demócratas mostraron que el partido estaba tomando la ventaja en migración por primera vez. Lo que había sido una de las fortalezas perennes de Trump fue por un periodo su principal pasivo, según uno de los altos estrategas del presidente.
Luego, unas cinco semanas después del segundo tiroteo, Trump llevó al país a la guerra en Irán.
Al principio, Blair compartía el optimismo de su jefe de que la guerra sería un éxito rápido. Tranquilizó a colegas escépticos de que el conflicto no sería el desastre político que algunos temían porque algunos funcionarios del Departamento de Defensa habían asegurado a la Casa Blanca que se resolvería rápidamente.
Pero el cronograma de cuatro a seis semanas del mandatario se alargó por meses.
En público, Trump se jactaba de un triunfo militar decisivo. En privado, los asesores le informaban sobre el cierre del estrecho de Ormuz, el aumento vertiginoso de los precios de la gasolina y los fertilizantes y un agotamiento alarmante del armamento estadounidense.
Los grupos focales de Fabrizio en marzo, a unas dos semanas de iniciado el conflicto, mostraron que los votantes no entendían por qué el presidente había iniciado la guerra. Vieron una promesa rota que encarecía la vida.
Antiguos aliados de derecha, que están en contra de la guerra como Tucker Carlson y la excongresista de Georgia Marjorie Taylor Greene, se declararon en abierta rebelión.
Trump sabía que la guerra estaba mermando su apoyo, según asesores, pero por un breve momento pareció que había encontrado una forma de salir del lío. A mediados de junio, el vicepresidente JD Vance había negociado un memorando de entendimiento con Irán, y el equipo político de Trump exhaló con alivio. La primera encuesta de Fabrizio sobre la propuesta descubrió que los votantes al tanto del acuerdo lo favorecían por 41 puntos porcentuales, y el 67 por ciento pensaba que reduciría los precios de la gasolina.
Pero los iraníes siguieron haciendo alarde de su influencia y el arreglo comenzó a desmoronarse. Y los halcones republicanos en cuanto a Irán, incluido el senador Ted Cruz de Texas, presionaron a Trump para mantener la presión sobre Teherán. El acuerdo se vino abajo y la guerra se prolongó.
‘Mi dinero’
Trump nunca dejó de recaudar dinero después de las elecciones de 2024, acumulando un fondo de campaña de unos 400 millones de dólares que dejó en claro a los asesores que consideraba como “mi dinero”.
Para agosto, a menos de 100 días de las elecciones, los estrategas republicanos del Senado aún no tenían claridad sobre dónde gastaría el equipo de Trump. Uno de ellos describió estar “conmocionado por lo mal preparados que estaban”.
Un asesor de Trump dijo que existía un plan pero que no se podía compartir porque el presidente no lo había aprobado.
Algunos días, Trump les decía a sus asesores en privado: “Tenemos que ganar. Lo que sea que tengamos que hacer”. Otros días, sonaba como si le importara menos. “Dice algo muy lindo sobre mí el hecho de que simplemente no puedan ganar sin mí”, le dijo a sus ayudantes.
Blair y otros tuvieron que exponer sus argumentos ante el presidente para aprobar los gastos. Trump retuvo su aprobación hasta el final del verano.
El retraso fue costoso: los precios de los anuncios se disparan a medida que se acercan las elecciones.
Una semana a mediados de octubre en una sola estación en Anchorage, el súper PAC de Trump pagó casi cuatro veces más dinero que el súper PAC demócrata líder para transmitir alrededor de un 70 por ciento menos de comerciales porque no había reservado el tiempo con antelación.
El grupo demócrata pagó 2700 dólares por un comercial en las noticias locales vespertinas; el súper PAC de Trump pagó 30 mil dólares por el mismo espacio.
Típicamente, los legisladores en peligro se distancian de un presidente impopular en elecciones de mitad de mandato. El equipo de Trump quería hacer lo contrario.
“Hemos tomado esa antigua estructura y la hemos volteado de cabeza”, dijo Chris LaCivita, el codirector de la campaña de Trump para 2024.
Así, nació la primera convención moderna de elecciones de mitad de mandato, una celebración en Dallas en septiembre en honor al presidente y con duración de dos días que pocos miembros de su partido habían querido.
Durante su discurso en la convención, Trump lanzó una llamativa nueva propuesta para enviar 5000 dólares a cada adulto estadounidense —pero solo si los republicanos ganaban.
Casi nadie sabía sobre esta propuesta, incluidos sus principales asesores políticos, el presidente de la Cámara de Representantes y el líder de la mayoría del Senado.
La idea ni siquiera había sido puesta a prueba en encuestas antes de que Trump la dijera. Y cuando se probó una propuesta similar, el equipo de Trump descubrió que hacía poco para mover a los votantes hacia los republicanos. Algunos de los propios asesores del presidente sintieron pena ajena por el regalo, y uno lo describió como un esfuerzo descarado por “sobornar” a la gente por sus votos.
La convención trajo una buena noticia: dinero. El primer día, Elon Musk envió 75 millones de dólares al Senate Leadership Fund, el súper PAC dirigido por aliados del líder de la mayoría del Senado, John Thune de Dakota del Sur. Fue una de las mayores contribuciones individuales en la historia de Estados Unidos.
En la convención, Paxton se abrió paso hasta la suite del fondo, donde Alex Latcham, el director ejecutivo del súper PAC, le hizo un comentario un tanto críptico.
“Vas a ser feliz mañana”.
Los anuncios estaban a punto de comenzar.
Musk gastaría más de 450 millones de dólares para ayudar a los republicanos en las elecciones de mitad de mandato, gran parte de ellos en Texas para intentar salvar a Paxton. El súper PAC que él financió gastó decenas de millones en anuncios atacando al candidato demócrata, Talarico, por su apoyo a los derechos de las personas transgénero, reflejando una línea de ataque que el equipo de Trump había utilizado de manera efectiva en 2024.
En otras contiendas, el enfoque en los anuncios sobre personas transgénero se convirtió en un punto de desacuerdo entre los funcionarios del Senate Leadership Fund y la operación de Trump, que argumentaba que la elección de 2026 se trataba fundamentalmente de la economía y que publicar anuncios sobre otros temas sería menos efectivo. Los estrategas republicanos del Senado vieron que los mensajes económicos no daban resultado en el entorno político actual en algunos estados.
La lucha por salvar el Senado se vio obstaculizada por un liderazgo del partido que apenas podía trabajar en equipo. Trump y los líderes republicanos del Senado, Thune entre ellos, nunca se llevaron bien. El presidente respaldó a Paxton a pesar de sus objeciones. Y cuando los asesores de Trump se reunieron con funcionarios del principal súper PAC republicano en Camp David en marzo de 2026 para planificar las elecciones de mitad de mandato, nadie del Comité Senatorial Republicano Nacional fue invitado.
El colapso
A fines de agosto, Julie Merz, la estratega principal del Comité de Campaña Demócrata del Congreso, reunió a su equipo y mostró una diapositiva que estimaba un 35 por ciento de probabilidad de una “ola azul”.
“Es nuestro trabajo”, recordó haber dicho, “repartir la mayor cantidad posible de tablas de surf”.
Los funcionarios del comité les hicieron a los titulares más vulnerables del partido una oferta inusual: en lugar de gastar millones para defenderlos, el partido movería el dinero a territorio rojo más profundo y realizaría encuestas en sus escaños para ver si necesitaban recuperar los recursos. La mayoría estuvo de acuerdo, lo que liberó alrededor de 10 millones de dólares para ampliar el mapa.
No mucho después de la convención republicana en Dallas, los precios del diésel alcanzaron máximos históricos.
En el Senado, la situación se puso tan mal para el Partido Republicano que, a principios de octubre, los republicanos estaban ordenando encuestas en estados aparentemente impensables, como Dakota del Sur e Idaho.
Un mes antes de las elecciones, el Senate Leadership Fund retiró anuncios de Carolina del Norte, y cedió el estado para redirigir dinero a Kansas, luego a Carolina del Sur y eventualmente a Misisipi —un estado que Trump había ganado por casi 23 puntos hacía dos años.
“Campo de batalla Misisipi”, lo llamaron en tono de burla los asesores de Trump en una llamada.
En la Cámara de Representantes, el deterioro fue quizás peor.
En un momento dado, altos funcionarios del Fondo de Liderazgo del Congreso y los súper PAC de Trump habían decidido dejar de intentar arrebatar el escaño del sur de Texas al representante Henry Cuellar —solo para darse cuenta de que el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, había programado una visita en ese distrito el día en que los anuncios iban a salir del aire—. Retrasaron el anuncio un día para evitarle la pena a Johnson.
Cuellar ganó la reelección de manera aplastante.
Al final, el mapa se desplazó tanto a la izquierda que los republicanos de la Cámara de Representantes —que sondearon más de 100 escaños— no pudieron seguir el ritmo. Sorprendió incluso a algunos líderes demócratas.
En una cena en septiembre, Rahm Emanuel, quien dirigió el brazo de campaña de los demócratas en la Cámara de Representantes en la ola de 2006, preguntó a los principales reclutas del partido por cuánto había ganado Trump en sus distritos. Cuando Zach Dembo, un veterano militar y exfiscal federal que se postulaba en el Sexto Distrito de Kentucky, dijo 15 puntos, Emanuel lo miró con incredulidad.
Dembo ganó.
El último domingo antes de las elecciones, Jeffries organizó una parada simbólica final en un distrito que era un campo de batalla.
Fue a Alabama, donde los republicanos habían vuelto a trazar el distrito del representante Shomari Figures para favorecer a su partido después de que una decisión de la Corte Suprema debilitara la Ley de Derechos Electorales. Era importante ir allí, dijo Jeffries, porque “se enfrentaba a un esfuerzo renovado de someter a la comunidad afroestadounidense a tácticas similares a las de Jim Crow”.
“Es justo decir que Shomari y yo sentimos el peso de la historia, dado el hecho de que el movimiento de derechos civiles liderado por King, Rosa Parks y tantos otros comenzó en el mismo lugar donde estábamos terminando esta campaña tan importante de 2026”, dijo Jeffries.
Figures ganó su contienda el martes.
Camino al aeropuerto, Jeffries hizo una parada espontánea en el Freedom Monument Sculpture Park, que recuerda la historia de los esclavos en Estados Unidos.
En enero, Jeffries se convertirá en el primer presidente afroestadounidense de la Cámara de Representantes en la historia de Estados Unidos.
Con información de:
- Shane Goldmacher / corresponsal de política nacional del Times.
- Jonathan Swan / reportero en la Casa Blanca que cubre el gobierno de Donald Trump. Puedes contactarlo de forma segura por Signal: @jonathan.941
- Maggie Haberman / corresponsal en la Casa Blanca para el Times y reporta sobre el presidente Trump.
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