Meredith Elkins, psicóloga de Harvard: "Estas son 5 señales de que estás sobreprotegiendo a tus hijos"
La crianza suele estar atravesada por el deseo de proteger a los hijos de las dificultades. Frente a un conflicto escolar, una decepción o una situación que genera ansiedad, la reacción más habitual puede ser intervenir de inmediato para evitarles un mal momento.
Y, aunque nace del afecto, esta respuesta puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo de herramientas propias.
La psicóloga clínica Meredith Elkins, especialista en trastornos de ansiedad en niños y adultos responsables de su crianza, aborda este problema desde su trabajo con familias. Es profesora de la Facultad de Medicina de Harvard, codirectora del Programa de Manejo de la Ansiedad del Hospital McLean y autora del libro Anxiety-Proof Parenting: Raising Resilient Kids by Breaking the Cycle of Worry.
En un artículo publicado en CNBC, la especialista advierte que la sobreprotección combina una intervención excesiva con el intento de evitar cualquier riesgo o malestar. Cuando este patrón se repite, los niños pueden interpretar que el mundo es amenazante y que necesitan la ayuda constante de un adulto para afrontar los desafíos.
Las cinco señales de que un padre está sobreprotegiendo a sus hijos
Según Elkins, existen cinco comportamientos que permiten identificar esta dinámica y modificarla para favorecer una crianza que combine acompañamiento y autonomía.
La especialista advierte que la sobreprotección combina una intervención excesiva con el intento de evitar cualquier riesgo o malestar.1. Resolver los problemas antes de que los hijos lo intenten. Intervenir en un conflicto con amigos, negociar con docentes o reorganizar actividades para evitar inconvenientes impide que los chicos desarrollen sus propias estrategias. En lugar de ofrecer una solución inmediata, la psicóloga propone preguntar: "¿Qué crees que podrías intentar?". La idea es estimular el pensamiento independiente.
2. Evitar cualquier emoción negativa. Intentar eliminar la tristeza, la frustración o la ansiedad puede transmitir que esos sentimientos son peligrosos. Sin embargo, aprender a reconocerlos y atravesarlos forma parte del desarrollo emocional. Validar lo que sienten y expresar confianza en su capacidad para manejarlo resulta más útil que distraerlos o resolver cada disgusto.
3. Suponer que son más frágiles de lo que realmente son. Reducir las exigencias por temor a que una actividad resulte difícil puede limitar el aprendizaje. La clave consiste en distinguir entre un riesgo real y una experiencia incómoda, con expectativas acordes con la edad y las capacidades de cada niño.
El deseo de evitarles sufrimiento puede llevar a los padres a intervenir antes de que sus hijos intenten resolver un problema.4. Priorizar los resultados por encima del aprendizaje. Intervenir para evitar errores, garantizar buenas calificaciones o asegurar que todo salga bien resta oportunidades para aprender de los contratiempos. Permitir que los hijos afronten las consecuencias de sus decisiones, con acompañamiento, favorece la adaptación y la resolución de problemas.
5. Dejar que la ansiedad adulta guíe la crianza. El temor al fracaso, al juicio ajeno o al sufrimiento infantil puede impulsar intervenciones innecesarias. Antes de actuar, Elkins recomienda preguntarse si la situación representa un peligro para el hijo o si la intervención busca aliviar la incomodidad del adulto.
La especialista sostiene que la resiliencia no se construye eliminando todos los obstáculos, sino ofreciendo seguridad para enfrentarlos. El equilibrio consiste en orientar sin controlar y acompañar sin sustituir las capacidades infantiles.
La sobreprotección no es la única dificultad: la falta de apoyo también puede perjudicar el desarrollo. El objetivo es brindar contención y, al mismo tiempo, permitir que cada niño aprenda a desenvolverse por sí mismo.
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