¿En qué creen los argentinos? Nuevas identidades religiosas y una tendencia incipiente que ilusiona al catolicismo
La llegada del Papa León XIV a la Argentina ha despertado conversaciones inusuales en oficinas, grupos de WhatsApp y juntadas de amigos. La pregunta “¿Vas a ir?” muchas veces termina convirtiéndose en la puerta de entrada a charlas que salen de cierta premisa social de no hablar de religión: ¿En qué creés? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a misa? No sorprendería que hoy las respuestas sean de lo más variadas. Y es que, si bien nuestro país solía tener una hegemonía católica –en el censo nacional de 1960, el último que midió la adscripción religiosa, el 90,5% de los habitantes dijeron profesar el catolicismo–, con el tiempo el panorama se diversificó.
Hoy, sigue siendo la religión mayoritaria argentina, pero se encuentra en su nivel más bajo: aproximadamente un 59% de los ciudadanos se consideran católicos, de acuerdo con un compilado de relevamientos nacionales realizado por la Universidad Católica Argentina (UCA). Las encuestas, en las que los entrevistados fueron clasificados por edad, encontraron otra tendencia marcada: entre los adultos mayores, la adscripción es más alta, del orden del 76%, mientras que entre los adultos jóvenes es bastante más baja: ronda el 50%.
Con el correr de las décadas, también cayeron los sacramentos y lo hicieron de manera casi lineal. Solo a modo de ejemplo, si en 1975 se bautizaron 9 de cada 10 nacidos, en 2020 se bautizaron 6 de cada 10. Un mismo declive puede observarse en los registros de primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios, de acuerdo con información de los anuarios estadísticos de la Iglesia.
Como contracara, algunos fenómenos sorprenden tanto a investigadores como a los presbíteros: este año la peregrinación a Luján marcó récords históricos de asistencia, con más de 2.800.000 fieles. También llama la atención el hecho de que cada vez más parroquias registran bautismos y primeras comuniones de adolescentes y adultos.
¿Cómo se entiende, entonces, la situación actual del catolicismo? Expertos sostienen que para analizarla y poder tener algún indicio de hacia dónde se encamina, hay que mirar, por un lado, cuántos de los que son católicos realmente practican su fe y, por el otro, entender en qué creen quienes no se identifican como católicos.
Algunos sociólogos también advierten tendencias que comienzan a estudiarse en países como España, donde se observa una ola de jóvenes católicos.
¿En qué creen los que “no creen”?
El grupo conformado por quienes se consideran “sin filiación religiosa” es el segundo más grande y, a la vez, el que más creció: sumó 11,1 puntos porcentuales respecto a 2008. En otras palabras, en los últimos 18 años su incidencia se duplicó. Dentro de este segmento, se encuentran los agnósticos (4,8% del total poblacional), ateos (4,4%) y personas que prefieren no encasillarse en ninguna de las dos categorías anteriores (13,2%).
Los investigadores relevaron algunas de las creencias de este grupo, entre las que enumeraron “la energía” (71,6%), “la vida después de la muerte” (34,2%) y “la astrología” (33,9%). Incluso un 30,1% dijo creer en Jesucristo y un 23%, en los ángeles.
Considerarse como “sin religión”, por ende, no implica carecer de creencias religiosas o espirituales, explican los académicos, sino que la mayoría podría incluirse en una categoría sociológica que se conoce como “creer sin pertenecer”.
Los catolicismos
Para entender el perfil de quienes hoy forman parte del casi 60% de la población que se considera católica, la Encuesta Nacional sobre Religión Vivida (Enrevi 2026, Universidad Católica de Córdoba y Boston College, 2026) realizó una serie de preguntas sobre costumbres y prácticas religiosas, y dividió a las personas en tres grupos: quienes tienen una práctica intensa con comunidad (24,5%), quienes tienen devoción, pero sin comunidad (38,8%) y quienes tienen baja práctica (37,2%).
También indagó sobre las prácticas de los católicos: el 80% reza al menos una vez al mes, el 37,4% va a misa con esa frecuencia, el 17,4% consulta a chatbots de inteligencia artificial sobre temas religiosos y un 12,6% participa de grupos católicos.
Si bien “la religión aparece en todas partes”, concluye el informe, se vuelve cada vez más íntima, doméstica y personalizada.
“No deberíamos hablar de catolicismo, sino de catolicismos”, afirma el doctor en Sociología Juan Martín López Fidanza, director de la maestría en Sociología de la UCA. Y ubica el fenómeno en una desinstitucionalización de la sociedad. “No es solo la Iglesia, también bajó la adhesión a otras instituciones, como partidos políticos, sindicatos y clubes. En definitiva, lo religioso no baja, baja su vinculación con lo institucional”, sostiene.
Una de las hipótesis más fuertes apunta al llamado cuentapropismo religioso. “Es la idea de que en estos tiempos modernos la individuación lleva a que las personas dejen de afincarse en instituciones colectivas y tiendan a armar sus propios bricolajes, sus propias elecciones, una especie de religión a la carta”, explica López Fidanza.
Su mirada es que el catolicismo no cayó del modo en que lo reflejan las estadísticas sino que, en parte, lo que bajó es “el agua”. “El descenso hay que entenderlo en el contexto específico de un país que era hegemónicamente católico, que tenía un mandato social hiperfuerte. Este mandato recién empezó a romperse en las últimas tres o cuatro décadas del siglo XX. Entonces, vos tenías un montón de personas que se consideraban católicas de modo cultural, por el simple hecho de que estaba permeando en el ambiente, pero en el fondo no tenía un compromiso real con la dinámica religiosa. Entonces, quizás, en realidad nunca fue tan alta [la adhesión] como parecía y ahora simplemente está bajando el agua y queda emergente lo que realmente siempre existió”, hipotetiza.
Aclara, de todas formas, que la disminución de personas que se identifican con el catolicismo es un dato relevante: “El hecho de que un recurso, como la fe católica, esté disponible en tu entorno lo hace viable, posible. En cambio, si no conociste el catolicismo, es obvio que va a ser menos posible que te vuelvas católico. Pero la realidad es que no se puede decir que antes había muchísimo catolicismo y ahora hay muy poco. Porque antes era muy difícil la disidencia con el catolicismo. Hoy por hoy, diferir no solo no tiene un costo, sino que, incluso, puede pasar al revés: puede llegar a tener un costo el mostrarse religioso en algunos contextos”.
Pensar al catolicismo casi como contracultural no es un detalle menor a la hora de estudiar por qué muchos criados como católicos hoy no se identifican de ese modo, suma Arturo Fitz Herbert, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación en la Universidad Austral y autor de una investigación cualitativa realizada en conjunto con la Universidad de Birmingham en 2024, que buscó echar luz sobre los motivos por los que las personas dejan las religiones en las que fueron educadas.
Según los datos de religiosidad en América Latina del Pew Research Center (2014), un 84% de los latinoamericanos habían sido criados en el catolicismo, pero el porcentaje de quienes lo sostenían al momento del estudio era del 69%. En el evangelismo, el estudio reveló el fenómeno contrario: un 9% había sido criado como evangélico y un 19% se identificaba con esa religión.
Los últimos estudios en la Argentina obtuvieron resultados similares: aproximadamente un 30% de los criados como católicos dejan de considerarse de ese modo años más tarde, de acuerdo con la encuesta Enrevi 2026. La mayoría de los que crecieron en un hogar católico y dejaron la religión lo hicieron hacia el final de la adolescencia, concluye el estudio cualitativo de Fitz Herbert.
“Suele pasar cuando las personas empiezan a tener contacto con otras que piensan radicalmente de otro modo, en la universidad o en el trabajo. Lo primero que te das cuenta es que, así como vos tenés estas creencias, hay otro tipo de creencias posibles y que vos tenés la posibilidad de elegir”, apunta el investigador.
Cada contexto resulta determinante. “Hay un marco cultural en el que viven las generaciones más jóvenes en el que la religión es absolutamente contracultural. Hay una cultura del bienestar generalizada que está presente en las instituciones, series o redes sociales: viajar, comer rico, ir a la playa, disfrutar. El centro está en la libertad individual y la autonomía, algo totalmente desvinculado de la religión. Religión es ‘religare’, volver a ‘legar’, a vincular algo que está roto con Dios. Esta vinculación le exige al creyente hacer cosas que no son las que el placer lo llevaría a hacer”, plantea.
Pero, además, el investigador destaca el impacto que tienen los escándalos de corrupción, los abusos y otros comportamientos de referentes religiosos en el alejamiento de los creyentes. “Las conductas incoherentes, sobre todo de líderes, pero también de los miembros de la comunidad religiosa, alejan a mucha gente de la religión. Eso se vio mucho en Chile”, afirma.
Católicos de tercera generación
Entre los que vislumbran que los números del catolicismo pueden seguir cayendo se encuentra el doctor en Ciencias Sociales Juan Cruz Esquivel (UBA, Conicet), quien cree que el principal motor de este fenómeno es el recambio generacional: los más grandes y más católicos mueren, mientras que los más jóvenes y menos católicos crecen y tienen hijos que, a su vez, nacen fuera de la práctica religiosa. “Esto lleva a pensar que seguramente la tendencia a la baja del catolicismo se profundice con el tiempo”, advierte.
Pero, en paralelo, otros investigadores tienden a pensar que el panorama puede cambiar y que podría comenzar a verse en el país un renacer del catolicismo, como el que comenzó a detectarse muy recientemente en España. Un análisis del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de ese país encontró un repunte del catolicismo en los varones de entre 18 y 24 años: la identificación como católicos pasó de 33% en 2020 a 41% a fines de 2025, mientras que entre las mujeres de la misma edad la tendencia continuó siendo descendente, aunque más moderada.
“En España, hubo una generación nacida en familia católica que dejó la religión. Esas personas después criaron a sus hijos sin religión. Y la tercera generación está volviendo a acercarse. Por eso es un fenómeno que muchos llaman ‘católicos de tercera generación’”, resalta Fitz Herbert. Y suma: “Cuando se les pregunta por qué volvieron a acercarse, muchos dicen que lo hicieron en medio de una búsqueda de sentido”.
Hay quienes empiezan a considerar que un contrafenómeno de este estilo puede estar tomando forma también en nuestro país. Eduardo Mangerotti es párroco de San Gabriel de la Dolorosa, en Vicente López, una comunidad que cuenta con unos 7000 jóvenes, entre quienes se preparan para la Confirmación y quienes participan de grupos de posconfirmación y otras actividades. Hoy observa que muchos de los que asisten a su parroquia no provienen de familias de tradición católica. De hecho, resalta un aumento de bautismos y primeras comuniones de adolescentes. “Este año, 10 de los chicos que se preparan para la Confirmación se bautizaron y unos 20 más tomaron la comunión. Es muy llamativo”, dice.
“También son cada vez más los que vienen a la misa; se van enganchando”, suma el sacerdote, quien cree que, de a poco, el catolicismo está ganando terreno en el discurso público, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
Los números de las últimas caminatas a Luján lo entusiasman. “La cantidad de peregrinos pegó un salto gigantesco. Si casi 3.000.000 de personas están caminando a Luján, eso algo te dice. No se sostiene el discurso de que la gente va porque está de moda; no hace 60 kilómetros por una moda”, señala. Y cierra: “Hay algo en movimiento. Hay que ver hacia dónde va, y hay que ver también qué pasa con la visita del Papa, si va a ser una especie de paréntesis o si va a impulsar este movimiento que parecería estar dándose”.
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