El gigantismo aplasta la innovación del agro estadounidense
La productividad de la agricultura norteamericana es la mayor del mundo; es 10 veces más productiva que la china, y 4 veces superior a la de los países europeos.
Sucede que mientras la productividad agrícola crece incesantemente debido a la inversión en bienes de capital, las ganancias de los productores han caído dramáticamente en los últimos 10 años, debido a la sobreabundancia de la producción y por consiguiente de sus bajos precios, y al aumento constante de los costos.
El resultado es que las quiebras de las unidades productivas de menor escala (“farmers”) aumentaron 46% entre 2024 y 2025; y esto está vinculado a la fenomenal tendencia a la concentración del agro estadounidense, en el doble sentido de las gigantescas cosechas de maíz y soja, que constituyen más de 80% de las exportaciones, a lo que hay que agregar que los granos se han convertido a través de los biocombustibles en el segundo insumo energético del país, después del gas y el petróleo.
A tal punto ha llegado esta concentración que hoy son 4 las grandes compañías transnacionales norteamericanas que controlan más de 85% de la provisión de alimentos del país.
La consecuencia es que en la ecuación capital/trabajo los “farmers” y las pequeñas y medianas compañías quedan cada vez más volcadas hacia lo que sucede con el segundo, cuyos rendimientos disminuyen crecientemente mientras aumentan sistemáticamente sus costos de producción.
De ahí que la tendencia a la concentración y las quiebras sistemáticas y crecientes de los pequeños productores sean fenómenos convergentes.
Todo esto se intensifica frente a la aparición en gran escala de la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial (IA), que reclama grandes inversiones, gigantescas empresas (o plataformas digitales), y cuya escala necesariamente es global.
La revolución de la técnica, exacerbada en la fase de la IA, tiene un carácter esencialmente integrador, y su rasgo característico es que nada puede quedar afuera de ella.
Lo que está en crisis en la agricultura estadounidense es la misma idea del gigantismo como condición del crecimiento económico.
Hay que recordar que esta tendencia fue la respuesta a la densa trama de subsidios burocráticos con que el “New Deal” de Franklin Delano Roosevelt (1933/1944) trató de paliar al sector más golpeado por la gran depresión de la década del ´30, que fue el agro estadounidense, totalmente integrado con la economía industrial pero afectado hasta un punto cercano a la extinción por la política brutalmente contractiva de la Reserva Federal, que en vez de aumentar la liquidez para enfrentar la gran contracción desatada en 1929 (colapso de Wall Street), la restringió; y esto fue el más grande error estratégico de la historia del Banco Central estadounidense, como advirtió en ese momento Joseph Schumpeter, y luego esclareció definitivamente Milton Friedman en su “Historia Monetaria”.
Hoy la alta tecnología de la IA está también discutiendo los males del gigantismo; y hay todo un sector de Silicon Valley que sostiene que las grandes plataformas digitales – Meta/Facebook, Alphabet/Google, Microsoft, etc. – se han convertido en frenos para la innovación; y por eso proponen desmantelarlas deliberadamente; y de esa manera promover la competencia, que es el único instrumento genuino para alentar la innovación.
Algo semejante sucede con la agricultura de los estados del Medio Oeste, donde la tendencia al gigantismo y la concentración en la producción de pocos bienes, maíz y soja en primer lugar, sigue primando sin ningún tipo de limitación.
Por eso, en medio de un boom económico como el que experimenta EE.UU hoy, que es el resultado de más de U$S 21 billones de inversiones en 2026, guiado y arrastrado por la revolución de la IA, al mismo tiempo aumenta sin cesar el número de quiebras entre los “farmers” del Medio Oeste.
El mundo que viene en el “agrobusiness” norteamericano debe enfrentar y superar el gigantismo que actualmente lo caracteriza; y tomar como ejemplo a la producción frutihortícola con su enorme variedad y agilidad competitiva.
De lo contrario, hay una tendencia a la desaparición de los “farmers” y al auge incesante de los grandes oligopolios que por su propia naturaleza tienden a estrangular la innovación.
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