Una cosa que ‘solo yo sé’, la misma que ‘yo sólo sé’: ¡La derecha, aquí no!
“Solo yo sé”. Frase que puede aplicarse al conocimiento exclusivo, que nadie más posee.
“Yo sólo sé”. En el sentido que me interesa, expresa una única certeza entre tantísimas cosas que se ignoran.
Solo el pueblo sabe que “¡La derecha, aquí no!”. Quizá del pueblo mexicano aprendió esa frase una mujer caracterizada por la humildad intelectual —una personalidad compleja, con más dudas que certezas—: la presidenta Claudia Sheinbaum, formada en el conocimiento científico.
Sheinbaum sabe que, en realidad, nunca se sabe todo. Que se sabe muy poco es la mayor lección de sabiduría, y Sócrates la entendió antes que nadie.
La gente de ciencia ignora mucho más de lo que sabe; por eso investiga: para intentar saber. Es la actividad humana a la que debemos todos los grandes avances. En cambio, la gente fanática cree saberlo todo; por eso se monta en sus certezas y provoca retrocesos.
Eso de “solo yo sé” o “yo sólo sé” lo escucho en mi mente con mucha frecuencia desde hace varios días, cuando puse en YouTube una canción española de los años treinta del siglo pasado, Yo te daré, que en una de sus estrofas dice: “Yo te daré, te daré, niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que yo solo sé: ¡café!”.
“Una cosa que yo solo sé” permite jugar con dos interpretaciones bastante diferentes, las ya enunciadas: (i) “una cosa que únicamente yo sé, es decir, un secreto que nadie más conoce”, y (ii) “la única cosa que conozco entre tantas que ignoro”.
La segunda interpretación es mía; no es una consecuencia necesaria de las reglas gramaticales. Utilizo una posible ambigüedad del lenguaje para distinguir entre el conocimiento exclusivo y la verdad que puede encontrarse en el inmenso jardín de las dudas —es el título de una novela de Fernando Savater sobre Voltaire—.
La ambigüedad tiene que ver con la palabra solo, tan discutida desde una reforma de 2010 de la Real Academia Española. Antes de ese año, la ortografía distinguía, mediante una tilde, el adverbio (sólo, equivalente a solamente) del adjetivo (solo).
A partir de 2010, la RAE dejó de recomendar esa distinción, ya que el contexto permite resolver las confusiones. Pero hubo tanta resistencia a ese cambio que en 2023 la RAE reformó su reforma: quienes escriben pueden utilizar la tilde del adverbio cuando consideren que existe riesgo de ambigüedad.
Las frases pueden ser ambiguas cuando se expresan sin contexto. Pero normalmente no hay necesidad del acento para saber si solo es adjetivo o adverbio.
Si en casi todas las frases posiblemente ambiguas el contexto resuelve las dudas, en la canción Yo te daré no ocurre así.
¿Quién ofrece el café a la niña hermosa? ¿Alguien que piensa que solo él conoce las maravillas de esta bebida? ¿O un hombre que sabe, entre tantas cosas que ignora, que en efecto esa es una bebida maravillosa?
Lo relevante es que, a quien hace el ofrecimiento le responde no la niña hermosa, sino un coro.
El joven —supongo que es un hombre joven— dice, como si fuera a anticipar un gran secreto: “Te daré una cosa, una cosa que yo solo sé”.
Pero no sorprende a nadie, ya que el secreto no es tal, lo que se demuestra en el remate que realizan varias voces: “¡Café!”. Es decir, todo el mundo conoce la bebida, no vengas con rollos, joven enamorado.
Sheinbaum: “¡La derecha, aquí no!”
La presidenta Claudia Sheinbaum dijo el pasado viernes: “La derecha aquí no, aquí no”. ¿Es algo que solo ella sabe? No, desde luego. Creo que reformuló la sabiduría del pueblo de México.
La presidenta, durante años de activismo y de trabajo académico —poniendo muchas veces la ciencia al servicio de las comunidades marginadas—, escuchó a millones de personas exigir que se retiraran del poder político los partidos de la derecha, tan insensibles respecto de las necesidades de la gente, para que llegara un gobierno, el de la 4T, que ha hecho de una palabra y de una frase la esencia de su proyecto.
La palabra: “Bienestar”. La frase: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
No es tan relevante entender si la presidenta tomó sus palabras del pueblo o si el pueblo repite, con cuatro palabras extraordinarias —“¡La derecha, aquí no!”—, lo que tantas veces Claudia ha expresado de otras maneras, pero con el mismo significado.
El hecho es el entendimiento. Después de la mañanera del viernes, Claudia abordó un avión comercial con destino a Chiapas. La gente la ovacionó con aplausos y gritos de “¡Presidenta, presidenta!”.
Dado el contexto político —de tantísimos cuestionamientos y hasta insultos contra Sheinbaum—, ese “¡Presidenta, presidenta!” es claramente un sinónimo de “¡La derecha, aquí no!”.
La presidenta pone las palabras. El pueblo aporta el coro. O al revés: el pueblo grita lo que anhela y la presidenta hace suya tal exigencia. El resultado es el mismo: “¡La derecha, aquí no!”.
“¡La derecha, aquí no!”: el contexto
Sheinbaum no pronunció su frase en el vacío. La dijo al defender los resultados de la Cuarta Transformación: los programas sociales, la recuperación del salario mínimo, la construcción de hospitales y escuelas…
Las palabras de la presidenta coincidieron, además, con una muy justa exhibición de las miserias del anterior sistema electoral. Fue un trabajo de investigación de la secretaria Anticorrupción, Raquel Buenrostro, y del titular de la UIF, Omar Reyes Colmenares, el eficiente y discreto colaborador de su tocayo García Harfuch.
En la mañanera se hicieron públicos señalamientos de irregularidades en las contrataciones del INE que se remontan a los tiempos en que Lorenzo Córdova lo encabezaba.
Córdova y sus acólitos durante años se presentaron como árbitros imparciales, pero hoy participan abiertamente en un partido político anti-4T, Somos.
No son pocos los exfuncionarios del IFE y del INE que apoyan o militan en Somos, donde abundan también otros imparciales: exministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como José Ramón Cossío.
Tienen el derecho de hacer política partidista. Lo inmoral es haber sido árbitros que presumían imparcialidad, pero que en realidad arbitraban vistiendo la camiseta de la oposición a la 4T.
Y no solo eso: en el INE de Córdova se originó y mantuvo una estructura de contrataciones que hoy fumiga el Estado mexicano. Ante tan lamentable espectáculo, la presidenta Sheinbaum tuvo que decir que, por eso. “¡La derecha, aquí no!”.
El ejemplo de Paraguay. La derecha llevó al poder a un presidente que había tenido participación accionaria en empresas vinculadas con un banco que dejó a millones de personas sin acceso a sus ahorros. El derechista Santiago Peña fue destituido el viernes después del escándalo de Ueno Bank, que afectó a alrededor de 2.9 millones de clientes, en un país de poco más de seis millones de habitantes. Frente al desastre, solo se puede concluir que así gobierna la derecha. Por lo tanto, “¡Con la derecha, en México no!”.
EEUU: la goleada. Donald Trump y su partido, el Republicano, han sufrido una derrota electoral brutal. Los demócratas arrasaron. Él sigue siendo presidente, pero millones de ciudadanos decidieron ponerle límites. La gente se hartó y dijo: “¡Con esa derecha extrema, ya no!”.
Brasil: Lula resistió. Muy a tiempo, la sociedad brasileña entendió que iba a ser terrible el retorno de la derecha. Los votantes, al final, gritaron: “¡La derecha, aquí no!”, y así Lula logró la espectacular voltereta.
La fuerza de la izquierda
Las derechas, hasta hace pocos meses imparables, han provocado creciente hartazgo. Pronto llegará la hora del cambio en Argentina. La crisis de Paraguay hará recordar que Javier Milei perjudicó a muchísimas personas con un proyecto inviable de criptomonedas.
El electorado de varios países ha tenido que experimentar los gobiernos de derecha para descubrir sus excesos y su corrupción. En México, la sociedad sufrió durante décadas al PRI y al PAN, y ello llevó al voto absolutamente mayoritario por la izquierda.
El pueblo mexicano ya conoce otra forma de gobernar. Millones de personas hoy se benefician de los programas sociales, de la recuperación del salario, de la disminución de la violencia, de una política que coloca el bienestar de la gente en el centro de su estrategia.
Sheinbaum no gobierna con ideología. Lo hace con experiencias concretas que millones de personas pueden comparar con lo que vivieron antes. Por eso su expresión —“¡La derecha, aquí no!”— tiene tanta profundidad.
La izquierda mexicana es fuerte por el buen gobierno de Claudia, pero para no debilitarse tiene la obligación de no traicionar aquello que la llevó al poder. El reto es seguir limpiando la casa: la escoba debe ir mucho más allá del INE.
Una cosa que yo sólo sé. Vuelvo a la canción. Uso deliberadamente la tilde en sólo. La interpretación que me interesa no es la del secreto que nadie más conoce, sino la otra: la de quien, admitiendo su ignorancia sobre muchos temas, conserva una certeza: “¡La derecha, aquí no!”.
Ese es mi caso.
Ver nota original ↗
¿Querés un resumen rápido de esta noticia, hecho por nuestra IA?
