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Thierry Frémaux: «Nuestro trabajo es político»
Con una entrañable sonrisa y su característica humildad, se ha presentado este sábado Thierry Frémaux (Tullins, Francia, 1960) ante los periodistas en la rueda de prensa por el Giraldillo de Honor que recibirá horas más tarde en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Acostumbrado a otorgar los premios y poco dado a aceptarlos, ahora le toca el otro rol, el de ser homenajeado por su trayectoria. El delegado general del Festival de Cannes y director del Instituto Lumière ha reflexionado en un esforzado y generoso español sobre que el denominado séptimo arte necesita ante todo memoria, espectadores y salas. El también director de una colección de la primeras películas de los hermanos Lumière ha defendido en su intervención el patrimonio cinematográfico y la libertad artística, así como el papel que desempeñan los festivales en un momento de profundas transformaciones para la industria audiovisual.La conversación ha arrancado con una pregunta sobre la necesidad de crear sinergias entre festivales europeos como Cannes, Sevilla y los premios de la Academia del Cine Europeo. Frémaux ha aprovechado para situar el debate en una perspectiva histórica. Recordó el trabajo de las primeras cinematecas y archivos cinematográficos, desde el MoMA de Nueva York hasta la Cinemateca Francesa, y el esfuerzo de quienes, durante décadas, preservaron un patrimonio que durante mucho tiempo apenas despertaba interés.«Mi generación entró en el momento del digital», ha explicado. Por eso, considera fundamental que instituciones como Cannes, a través de su sección Cannes Classics, y el Instituto Lumière, con el Festival Lumière de Lyon, mantengan vivo el vínculo entre el cine del pasado y el presente. Para Frémaux, una película antigua no debe contemplarse como una pieza de museo, sino como una obra plenamente contemporánea. «No hay ninguna película más vieja que una obra de Shakespeare o de Mozart», ha señalado. En esa recuperación del pasado también existe una dimensión industrial. El mercado del cine clásico de Cannes reúne a profesionales de todo el mundo que trabajan con materiales históricos, pero también con películas que pueden alimentar nuevas creaciones. Frémaux ha citado como ejemplo la relación que algunos cineastas mantienen con la historia del cine, y mencionado a Quentin Tarantino , capaz de construir una obra personal a partir de sus referencias cinematográficas, del mismo modo que Borges hizo de la historia de la literatura una materia creativa.Para defender al cine, hay que proteger también las salas de exhibición. Frente a quienes durante la pandemia anunciaron la muerte del cine, Frémaux sostuvo que las nuevas tecnologías, los videojuegos y la inteligencia artificial no harán desaparecer su esencia. «Cuanto más avanzamos hacia una nueva tecnología, más fuerte y más especial se va a quedar el cine, sobre todo el cine en la gran pantalla, en la sala de cine», ha afirmado.En este sentido, ha destacado el modelo francés de protección de las ventanas de explotación, que establece diferentes etapas entre el estreno en salas y la llegada de las películas a la televisión y las plataformas. Una cronología que, en su opinión, protege tanto a los autores y sus obras como al público. El cine «necesita financiación», ha recordado pero también necesita espectadores que lo vean en las condiciones para las que fue concebido.FUTURO «Cuanto más avancemos hacia una nueva tecnología, más fuerte y más especial se va a quedar el cine, sobre todo en la gran pantalla»Frémaux ha subrayado asimismo la función de los festivales como acontecimientos capaces de colocar el cine en el centro de la vida pública. «Como este de Sevilla, que pone el cine en el centro de la ciudad, o el de Cannes, que lo pone en el centro del mundo durante dos semanas», dijo sobre el certamen en el que lleva vinculado desde el inicio del siglo XXI. En su opinión, la presencia del público y la implicación de una ciudad son elementos fundamentales en toda celebración. «Desde el primer café de la mañana hasta el whisky de la noche se habla de cine», ha bromeado sobre el ambiente que rodea este tipo de citas. En la conversación, Frémaux ha sido claro sobre la posibilidad de ser o no neutral en el arte y sobre el peligro que podrían correr los festivales de cine por las presiones del poder económico, las plataformas, los cambios en los hábitos de los espectadores y la influencia de los gobiernos. Así, el director de Cannes, que dice ver 3.000 películas al año para hacer la selección de la sección oficial, ha rechazado esa idea de la neutralidad para programar. Para él, la palabra de un festival es la palabra de los artistas y de las películas. «Se sabe que las películas de Leni Riefenstahl son, desde el punto de vista estético, películas increíbles. Y son películas nazis», ha dicho. En este sentido, ha recordado los orígenes del Festival de Cannes, nacido en respuesta a la instrumentalización política de la Mostra de Venecia durante el fascismo y concebido, tras la Segunda Guerra Mundial, como un espacio de libertad y diálogo entre culturas. «Nuestro trabajo está basado en la idea de universalidad, del diálogo entre los pueblos», ha explicado.El responsable de Cannes ha defendido que la selección de películas debe responder a criterios cinematográficos y no a su orientación política. Pero eso no significa que los festivales deban ser neutrales ante la realidad. Para ilustrarlo, ha apuntado la importancia que adquieren hoy determinadas obras del pasado. Películas como 'Una jornada particular', de Ettore Scola , protagonizada por Marcello Mastroianni y Sophia Loren, abordan cuestiones como la condición femenina, la homosexualidad y el fascismo. Lo que en otro momento podía parecer una representación evidente de determinadas realidades, hoy puede interpretarse como un «gesto político». Como el corto '1943-1997' del propio Scola. «No hay que hablar de neutralidad. La diversidad de las palabras de los artistas es lo que hace la diversidad de un festival», ha resumido. O de una forma más tajante: «Nuestro trabajo es político. Mostrar películas, visitar la historia e invitar artistas es un trabajo político para poner cosas en nuestras ciudades». No porque los festivales deban convertirse en instrumentos de una ideología concreta, sino porque tienen una responsabilidad ética y cultural que no puede ejercerse al margen de la actualidad.En este punto ha defendido también el derecho al desacuerdo y ha recordado una anécdota con la actriz Brigitte Bardot, que hizo unas polémicas declaraciones en las que lamentaba que ya no se hiciera cine como el de la mitad del siglo pasado.Origen del Festival de Cannes «Nuestro trabajo está basado en la idea de universalidad, del diálogo entre los pueblos»Preguntado por el reconocimiento que recibe estos días en Sevilla, Frémaux se ha apartado de cualquier tipo de protagonismo. Ha explicado que su trabajo consiste, entre otras cosas, en reconocer y premiar a artistas a los que admira, pero que las decisiones de Cannes son siempre fruto del debate y del trabajo en equipo.Ha recordado que el festival debe atender a diferentes universos cinematográficos: desde figuras populares como John Travolta hasta grandes autores como Marco Bellocchio o Agnès Varda, pasando por intérpretes fundamentales del cine de autor como Jean-Pierre Léaud. También citó a Peter Jackson como ejemplo de cineasta capaz de tender puentes entre el cine de autor y el gran espectáculo comercial.Frémaux ha confesado que no suele aceptar premios porque no considera que su trabajo consista en recibirlos. Sin embargo, ha hecho una excepción con Sevilla. «Soy solamente un pasajero que viene del pasado y que manda el Festival de Cannes en el futuro», ha dicho, utilizando una imagen que resume su manera de entender la responsabilidad de preservar una institución cinematográfica.También ha tenido palabras de reconocimiento para la prensa especializada y se ha mostrado muy complacido de recibir este Giraldillo de Honor junto a la cineasta polaca Agnieszka Holland.Los Lumière y Apocalypse NowLa historia del cine ha vuelto a ocupar el centro de la conversación al ser preguntado por las películas que ha realizado sobre los hermanos Lumière. Frémaux ha aclarado que no se considera director de cine en sentido estricto, aunque sí asume ese papel cuando presenta las obras de los pioneros del cinematógrafo.Su responsabilidad en el Instituto Lumière de Lyon consiste precisamente en preservar y transmitir su legado. Ha destacado que los Lumière no fueron únicamente inventores de una técnica, sino cineastas plenamente conscientes de las posibilidades expresivas de aquel nuevo lenguaje.Ha explicado que su manera de acercarse a estas películas es la de un «cinéfilo, no la de un historiador». Cuando las revisita, encuentra también una forma de reflexionar sobre el cine actual. De hecho, considera que mostrar esas obras puede convertirse en un auténtico espectáculo cinematográfico.Esa reivindicación del pasado ha enlazado con otra cuestión: qué puede ofrecer la historia del cine a las nuevas generaciones en un momento dominado por las plataformas, las multipantallas y la inteligencia artificial. «No sabemos cuál será el futuro, hay que conocer el pasado», respondió.En relación con la inteligencia artificial, Frémaux ha asegurado que no le preocupa necesariamente que se produzcan películas generadas por esta tecnología. Su principal exigencia es la honestidad con el espectador: saber qué está viendo y distinguir entre la realidad filmada y la creación artificial. En este sentido, sitúa las imágenes generadas por IA más cerca del terreno de la animación.Para ilustrar su reflexión sobre la evolución de los efectos visuales, evocó 'Apocalypse Now' (1979), de Francis Ford Coppola, y la célebre secuencia de los helicópteros al ritmo de Wagner. «Para mí es la última película ecológica, pura», ha explicado. Para ello, ha recordado las dificultades materiales que implicó rodarla, con los helicópteros cedidos por el ejército filipino durante un tiempo muy limitado. Frente a esa manera de trabajar, ha señalado que hoy un director podría pedir a los responsables de efectos digitales que añadieran más y más helicópteros.Debate cinematográfico «Hay cine de autor que es comercial como 'La bola negra' y cine comercial de autor como el de Tarantino»También ha defendido la importancia de seguir haciendo películas como 'Lawrence de Arabia', reivindicando un cine que conserve la ambición de filmar el mundo y de construir imágenes con una dimensión artística propia. «También existe el debate de la descripción entre el cine de autor y el cine comercial. Hay cine de autor que es comercial como 'La bola negra'. Y hay también cine comercial que es cine de autor como el propio Tarantino», ha destacado.La formación de los jóvenes espectadores ha sido otro de los asuntos abordados. Considera que alrededor de los 15 o 16 años se configura una «cinefilia personal», cuando el espectador empieza a interesarse no solo por los actores, sino también por los directores y por la historia de las películas. Reconoce que hoy resulta más complicado establecer un punto de partida en una historia cinematográfica que acumula ya 130 años. Sin embargo, ha defendido que conocer esa tradición es imprescindible. Ha comparado el cine con la pintura: «No se puede hablar de Leonardo da Vinci, Picasso o Mark Rothko como si pertenecieran al mismo momento artístico. Del mismo modo, la historia del cine exige conocer sus diferentes etapas, movimientos y autores».La influencia de Cannes en los OscarPor último, ha reflexionado sobre la relación entre el Festival de Cannes y los premios Oscar, especialmente a partir del triunfo de 'Parásitos', de Bong Joon-ho , en 2019. A su juicio, Cannes no trabaja pensando en los premios de Hollywood o que esa relación implique una responsabilidad añadida para el festival.Ha explicado que las películas que triunfan en los Oscar no siempre están presentes en Cannes, y ha citado títulos como 'Mystic River' o 'No es país para viejos', que no formaron parte de la selección del festival en el momento de su estreno, pero que posteriormente fueron reconocidos por la Academia.Por eso, ante la pregunta de si siente una responsabilidad especial por el impacto que puede tener Cannes en la carrera hacia los Oscar, ha sido tajante: «No, mi responsabilidad es hacer un festival».«En el cine es una obsesión artística, porque es un prestigio increíble tener un Oscar, pero también es una obsesión comercial. Y no, nosotros hacemos el trabajo de organizar un buen festival de Cannes», ha sentenciado.
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