La psicología dice que las personas que dejan de compartir buenas noticias con ciertos miembros de la familia no son secretas; han aprendido que la celebración puede convertirse en comparación, crítica o control
Hay personas que cuentan una buena noticia apenas ocurre. Llaman a un hermano, escriben al grupo familiar o buscan a alguien de confianza para prolongar la alegría. Pero con el tiempo también puede aparecer el movimiento contrario: elegir con cuidado quién se entera.
Eso no siempre nace del deseo de ocultar algo. A veces es aprendizaje. Si una noticia feliz recibe una respuesta fría, una comparación, una advertencia o una crítica, la persona puede empezar a asociar la celebración con una pequeña pérdida de entusiasmo.
La psicología estudia este proceso con el concepto de “capitalización”: compartir un acontecimiento positivo con otra persona para ampliar su efecto. Un estudio de investigadores de las universidades de Northeastern, Stanford y Washington en San Luis, con 290 adultos de entre 25 y 85 años, encontró que compartir experiencias positivas se asociaba con una mayor gratitud cotidiana, especialmente cuando se hacía con alguien cercano.
La otra cara de ese mecanismo ayuda a entender por qué alguien puede dejar de contar ciertas cosas a un familiar. No hace falta una gran pelea. Basta con que la respuesta esperada deje de sentirse segura o agradable.
Cuando celebrar se convierte en comparación, crítica o control
La psicóloga social Shelly Gable y sus colegas de la Universidad de California en Los Ángeles identificaron cuatro formas de responder cuando alguien comparte una buena noticia. La más favorable es la activa y constructiva: mostrar entusiasmo, hacer preguntas y acompañar la alegría de la otra persona. Las otras incluyen aprobar sin demasiado interés, ignorar la noticia o destacar sus posibles problemas.
Dejar de contar buenas noticias a alguien no siempre es un gesto de distancia. Foto: Shutterstock.En sus estudios, los investigadores encontraron que las respuestas activas y constructivas se asociaban con mayor bienestar y mejores vínculos.
Ahí aparece la crítica. Alguien anuncia un ascenso y escucha que tendrá menos tiempo libre; cuenta que compró una casa y recibe una lista de riesgos; comparte un logro y la conversación se desplaza hacia lo que todavía le falta. La información puede ser cierta, pero llega en un momento en el que la persona buscaba celebración, no evaluación.
La comparación también puede intervenir. Una buena noticia puede llevar a quien la escucha a evaluar sus propios logros, especialmente cuando se refiere a un área importante de su vida. En esos casos, el éxito ajeno puede despertar admiración, pero también sentimientos de amenaza o envidia cuando quien escucha lo compara con sus propios logros.
La psicología ha estudiado cómo la reacción del otro puede aumentar una alegría o terminar apagándola. Foto: Shutterstock.Y está el control. Investigaciones sobre la socialización de emociones positivas dentro de las familias muestran que algunos padres reducen el entusiasmo de sus hijos al minimizar lo ocurrido, señalar riesgos, expresar desaprobación o intentar redirigir su conducta. Un estudio de la Universidad de Washington, con adolescentes y sus padres documentó este tipo de respuestas de “amortiguación” de la emoción positiva.
Esto no significa que toda persona que deja de contar buenas noticias tenga una familia tóxica ni que cada comentario prudente sea dañino. El patrón importa más que una reacción aislada.
Cuando alguien aprende que cada celebración terminará convertida en comparación, corrección o interrogatorio, puede empezar a proteger el acontecimiento antes que ocultarlo. La noticia sigue siendo buena. Lo que cambia es la lista de personas con las que desea compartirla.
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