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Génova baja al barro del algoritmo y se centra en las redes sociales
Un dedo hace clic en el ratón de un ordenador en la séptima planta de la sede nacional del Partido Popular en la calle Génova. Segundos después, un vídeo generado por Inteligencia Artificial (IA) inunda los móviles de media España. En la pantalla, los rostros y voces de figuras socialistas como Begoña Gómez, José Luis Ábalos o José Luis Rodríguez Zapatero asumen en primera persona diversas polémicas y escándalos, desde el cobro de comisiones hasta la tenencia de joyas millonarias. El vídeo -viral y que generó gran controversia- remata pasando del original «Zurdos y orgullosos» a un «Lerdos y orgullosos».Lo rupturista de este contenido no es la burla en sí ni el uso de la IA. Lo inédito es el autor de la publicación: el perfil oficial del principal partido de la oposición. Y es que el Partido Popular ha decidido romper su tradicional formalidad institucional para bajar al barro de las redes sociales. La moderación ya no moviliza. El objetivo ha pasado a ser el de secuestrar la atención del algoritmo y apelar directamente a las emociones del votante.Este giro radical en la estrategia digital de la formación liderada por Alberto Núñez Feijóo -un candidato de perfil marcadamente gestor e institucional- podría parecer un riesgo a ojos de la vieja escuela política. Sin embargo, los analistas coinciden en que se trata de un movimiento medidamente calculado que no penaliza en absoluto a su votante clásico.Así lo afirma Raúl Magallón Rosa, profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III: «No creo que penalice al votante tradicional del Partido Popular porque son redes sociales; probablemente el perfil más mayor ni siga estas conversaciones. Las redes tienen un lenguaje, un formato y un destinatario propio». Para Magallón, la jugada del PP tiene un doble objetivo: mantener activada e ilusionada a su base y, al mismo tiempo, entrar de lleno en el terreno de juego digital para disputar el voto joven.Génova asume que la pura moderación ya no moviliza. El objetivo ahora es secuestrar la atención del algoritmo y apelar a las emocionesEn la misma línea se pronuncia Eva Campos Domínguez, profesora de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora especializada en campañas digitales. Para ella, el centro-derecha ha comprendido que no puede ceder el monopolio del humor, la incorrección y la frescura discursiva. Bajar al barro no resta, sino que suma: amplifica el mensaje hacia el electorado más joven y hacia un caladero de indecisos que, hasta ahora, solo encontraban una vía de escape en la rebeldía que proyectaban otras formaciones.El nuevo 'community manager'Para sostener esta nueva maquinaria, las sedes políticas han tenido que modernizar sus estructuras. El 'community manager' (CM) ha dejado de ser un simple altavoz para convertirse en un auténtico estratega. Unai Burguete, consultor político en la empresa Zurekin Comunicación con amplia experiencia en campañas electorales, desmitifica la figura del simple provocador de internet. El CM de hoy debe estar «hiperinformado» y saber diseccionar la arquitectura de cada plataforma. El público maduro que consume vídeos en Facebook requiere un código completamente opuesto al consumo instantáneo y visual de TikTok, o a la hostilidad política que impera en X (antes Twitter).Esta profesionalización, como recuerda Campos Domínguez, se consolidó en 2015, cuando los equipos digitales «entraron transversalmente» en el núcleo duro de las campañas como «algo estratégico que articulaba y vertebraba». Pero el tono «gamberro» que el PP despliega hoy no es fruto de la improvisación. Como advierte Burguete, la asimilación de una ideología no se logra con un meme. Cuando un usuario consume un clip rápido, apenas retiene una idea superficial. Para alterar la percepción política de un ciudadano se requiere una estrategia de lluvia fina, sostenida durante «al menos seis meses». Una táctica de persistencia que, recuerda, fue clave en el éxito de la campaña de Donald Trump en Estados Unidos durante las elecciones de 2024.El nuevo CM debe estar «hiperinformado» y conocer a la perfección cada red social: la manera de consumir en Facebook, TikTok o X no es la mismaMagallón, además, pone el foco en las «campañas horizontales». En redes sociales (y especialmente en plataformas como TikTok), muchas veces el mensaje cala más hondo cuando el usuario no percibe que viene de un partido político. «La gente no lo entiende en términos políticos, y si no se ve como un relato ideológico, es más fácil que se interiorice. A veces, que no se sepa de dónde viene la información puede ser más positivo para su impacto», advierte. Por ello, resalta la importancia de cuentas ajenas al partido que repliquen el mensaje.La ventaja estructural de VoxEl asalto del PP a esta guerrilla digital supone adentrarse en un ecosistema donde Vox se mueve con soltura. El partido de Santiago Abascal juega con la ventaja de combatir en un terreno que supo entender hace más de una década. Su gran fortaleza, explican los expertos, reside en una red de cuentas satélite y creadores de contenido que multiplican su discurso, y que actúan como un embudo ideológico casi indetectable para el ciudadano.Para entender este fenómeno, el equipo de María Iranzo-Cabrera, profesora en la Universidad de Valencia e investigadora de Mediaflows, recurrió a la creación de perfiles sintéticos dentro del proyecto europeo PLEDGE con diez países, entre ellos España. Según la investigación, los algoritmos de plataformas audiovisuales arrastraban rápidamente a un usuario con intereses iniciales de centroderecha hacia postulados de derecha radical. Vox, explica, ha demostrado una gran habilidad para conectar con emociones primarias como el orgullo, el sentido de pertenencia o la indignación. Los algoritmos, que premian el contenido más pasional, han ayudado a consolidar este espacio, al que ahora se suman actores disruptivos nativos de las redes sociales como la agrupación Se Acabó la Fiesta, liderada por Alvise Pérez.En este nuevo tablero, el humor y la tecnología se han fusionado. Feijóo defendía hace semanas en una entrevista que el uso de estos vídeos satíricos subrayando la etiqueta «Hecho con IA» evita el engaño. Sin embargo, los expertos avisan de los retos que plantea esta nueva era. La sátira actúa como una vía de escape frente a la saturación informativa, pero el abuso de estas herramientas puede provocar que la política se vacíe de contenido y que el programa electoral quede apartado por el meme. Un escenario sobre el que Magallón Rosa reflexiona: «La IA es una herramienta tan transformadora que facilita alimentar batallas culturales de una forma que es muy difícil hacer simplemente con recursos humanos». Porque, a falta de menos de una semana para arrancar la campaña electoral, antes de ganarse en las urnas, la victoria ya lleva tiempo peleándose en las pantallas de los teléfonos móviles.
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