ABC
07/11/2026 21:35

España acelera su carrera espacial militar

El espacio ha dejado de ser una frontera lejana para convertirse en una de las prioridades inmediatas de la Defensa española . Los satélites ya no son únicamente herramientas para observar la Tierra o garantizar las comunicaciones: constituyen infraestructuras críticas para la autonomía estratégica, la inteligencia militar y la capacidad de operar en un escenario internacional cada vez más disputado. En ese tablero, España prepara inversiones superiores a los 2.600 millones de euros para el ciclo inversor finales de 2026 y 2027, según informan a ABC fuentes militares.En este contexto, la industria nacional se está posicionando para hacerse con una parte sustancial de estos nuevos Programas Especiales de Modernización. El Ministerio prevé que el 80% de la inversión tenga como destino la industria nacional y, hasta el 90%, la europea. «Invertir en Defensa ya no es una opción, sino una condición indiscutible para preservar la soberanía tecnológica y el liderazgo industrial». Con esta frase el teniente general Miguel Ivorra Ruiz, director general de Estrategia e Innovación de la Industria de la Defensa, abrió recientemente el Foro de la Nueva Defensa y el Espacio. El mensaje tiene una traducción directa también en el dominio espacial, donde la dependencia tecnológica de terceros países puede convertirse en una vulnerabilidad operativa.Primera consecuencia: la actualización de la Estrategia de Industria de Defensa otorgará al espacio un papel protagonista. Ivorra sitúa entre las prioridades las sinergias entre los ámbitos civil y militar, la inversión en investigación y desarrollo y el impulso de programas tractores capaces de movilizar al conjunto de la industria. El objetivo no consiste únicamente en fabricar satélites, sino en disponer de las capacidades necesarias para diseñarlos, integrarlos y operarlos con un grado creciente de autonomía.En ese movimiento, empresas como Airbus Defence and Space (participada por el Gobierno español en un 4,12% a través de la SEPI) conservan en nuestro país una posición de primer orden como integrador industrial (el denominado 'prime') de grandes infraestructuras satelitales. La compañía con sede espacial en Getafe y Tres Cantos (Madrid) se encuentra ante una cartera de programas que puede marcar el ritmo de su actividad en España durante los próximos años, desde las comunicaciones gubernamentales seguras hasta los sistemas de observación de muy alta resolución.El satélite militar Paz, cuando estaba aún en fase de construcción. Ya está operativo ABCEl salto en espacio militar que pretende España también tiene una dimensión financiera. Según los datos expuestos por Juan Carlos Cortés, director de la Agencia Espacial Española, durante un foro espacial organizado en Francia por el diario 'La Tribune', la contribución española a la Agencia Espacial Europea (ESA) para el periodo 2026-2030 será de 1.854 millones de euros, siendo el cuarto mayor contribuyente europeo solo por detrás de Alemania, Francia e Italia.Ese esfuerzo presupuestario alimenta la ambición de ganar peso en los programas continentales y de retener en España una mayor proporción del valor industrial generado.Pero la soberanía espacial no se mide únicamente en aportaciones económicas. También depende de la capacidad para transformar la inversión pública en tecnología propia , empleo cualificado y empresas capaces de competir en los grandes contratos europeos. En ese ecosistema conviven compañías consolidadas como GMV, el desarrollo de lanzadores de PLD Space con su familia Miura y nuevas iniciativas empresariales como Pangea Aerospace, centrada en tecnologías de propulsión. Más de 400 empresas vinculadas a las actividades aeronáuticas y espaciales configuran una base industrial que aspira a aprovechar el nuevo ciclo inversor. El desafío consiste en convertir ese tejido empresarial en una cadena de suministro capaz de asumir proyectos cada vez más complejos, atraer capital privado y recuperar talento especializado.Es precisamente en esa conexión entre ambición estratégica y capacidad industrial donde cobra sentido el planteamiento del teniente general Ivorra: «La inversión en Defensa debe servir para preservar la soberanía tecnológica, pero también para consolidar una industria que pueda responder a las necesidades de las Fuerzas Armadas sin depender excesivamente de proveedores externos».Spainsat NG III, la urgenciaEl calendario de contratación de aquí a final de 2027 ofrece una medida concreta de esa ambición. Uno de los expedientes más inmediatos es el acelerado desarrollo del Spainsat NG III, valorado en unos 340 millones de euros, con una posible opción adicional para el IV. Este programa tuvo que ser impulsado tras los «daños irreversibles» sufridos por el SpainSat II cuando, después de su lanzamiento desde Cabo Cañaveral, se dirigía a su órbita definitiva. El satélite fue impactado por una pequeña partícula espacial que hizo inviable su continuidad, por lo que obligó a la puesta en marcha de urgencia de su recambio, situando la reposición de esta capacidad entre las prioridades del Ministerio de Defensa, de acuerdo con la información facilitada a ABC. Hisdesat rubricó con Airbus y Thales Alenia Space el contrato para la construcción de este satélite de comunicaciones seguras y la previsión es formalizar la firma antes de finalizar 2026.El objetivo es preservar la continuidad de una infraestructura esencial para las comunicaciones gubernamentales y militares seguras. Los satélites Spainsat NG III y sus antenas forman parte de una arquitectura concebida para proporcionar comunicaciones protegidas en condiciones exigentes. En un contexto en el que los contingentes militares desplegados en el exterior dependen de enlaces fiables y resistentes, la disponibilidad de estas capacidades adquiere relevancia.La prioridad concedida a la reposición ilustra, además, una de las tensiones de la nueva política espacial: los programas requieren años de desarrollo, pero las necesidades operativas pueden obligar a acelerar decisiones, reasignar recursos y adelantar inversiones .Próximo gran contratoSi las comunicaciones representan una de las columnas de la arquitectura espacial militar, la observación de la Tierra constituye la otra gran apuesta. La obtención de imágenes de alta resolución permite mejorar el conocimiento del entorno, vigilar áreas de interés estratégico y proporcionar información relevante para la planificación de las operaciones.En este terreno, dos programas concentrarán buena parte de las expectativas presupuestarias a corto plazo. El primero es el SEOT NG EHR, dotado con una inversión prevista de 770 millones de euros. Enmarcado en la cooperación entre España y Francia dentro del programa IRIS, cuyo recorrido institucional incluye una carta de intenciones de octubre de 2025, contempla el desarrollo de dos satélites de extrema alta resolución . La contratación se prevé para 2027.El segundo proyecto tiene una dimensión todavía mayor. La constelación soberana SEOT NG CID —como el Campeador— que contempla una inversión de hasta 1.500 millones de euros y un desarrollo progresivo hasta 2040. El planteamiento incluye cuatro satélites demostradores y otros 16 operacionales, dentro de una arquitectura de observación de muy alta resolución. El contrato inicial también se sitúa en 2027.SpainSat NG I antes de su lanzamiento. AirbusLa escala de ambos proyectos explica por qué el espacio se ha convertido en una pieza central de la planificación industrial de Defensa. No se trata de adquisiciones aisladas, sino de programas de largo recorrido y coordinados que pueden ordenar durante años las inversiones, las capacidades tecnológicas y las relaciones entre las empresas del sector.La misma lógica se extiende al Programa de Enlace Militar asociado a IRIS2, la futura mega constelación europea de conectividad segura, cuyo inicio presupuestario se prevé para 2027. A ello se suma la consolidación de PAZ-2, con la formalización de contrato s para dos satélites radar SAR de muy alta resolución.La suma de estas iniciativas dibuja una cartera que supera los 2.600 millones de euros y que convierte los próximos ejercicios en un periodo decisivo para la industria espacial española. La cuestión ya no es únicamente cuánto se invierte, sino qué capacidades permanecerán en el país una vez ejecutados los contratos y qué empresas estarán en condiciones de liderar la siguiente generación de sistemas.Indra SpaceLa carrera por los nuevos programas coincide con una reorganización profunda del mercado nacional e internacional. La creación de Indra Space, tras la integración de Deimos, la adquisición de Hispasat en diciembre de 2025 y el control mayoritario de Hisdesat, configura un grupo con presencia transversal en diferentes segmentos de la actividad espacial.La operación altera el equilibrio entre los principales actores industriales. Indra refuerza su capacidad para articular una oferta que conecta las comunicaciones por satélite, los servicios espaciales y las tecnologías vinculadas a la Defensa. El resultado es la consolidación de un gran grupo nacional con ambición de competir en programas de creciente complejidad.Airbus, por su parte, mantiene el foco europeo en alumbrar junto a Thales y Leonardo un nuevo gigante europeo, una operación empresarial estratégica que debería ver la luz el año próximo si cuenta con la aquiescencia de la Comisión Europea.Más que una simple disputa entre compañías, el nuevo escenario plantea una cuestión de fondo: cómo repartir las capacidades industriales y el liderazgo tecnológico en un mercado en el que los presupuestos públicos, las alianzas europeas y los requisitos de soberanía condicionan cada vez más las decisiones empresariales.En este ámbito, la gran prueba también estará en la ejecución de los contratos, en la capacidad de cumplir plazos, en el desarrollo de tecnología propia y en la posibilidad de convertir cada programa en una oportunidad para la siguiente generación de satélites (como sucede en el sector de la plataformas navales o aviones de combate). También en la coordinación entre las necesidades militares, las capacidades civiles y la estrategia europea.Imágenes de Ucrania tomadas con el satélite militar español Paz ABCLos próximos años deberán demostrar hasta qué punto esa premisa se traduce en sistemas operativos, empresas competitivas y una mayor capacidad nacional para decidir sobre infraestructuras esenciales pues la nueva carrera espacial española no se librará únicamente en los centros de integración ni en los presupuestos ministeriales. Los más de 2.600 millones previstos constituyen el punto de partida. «El verdadero objetivo es que, cuando los nuevos satélites estén en órbita, España haya ganado algo más que contratos: capacidad de decisión, autonomía tecnológica y peso propio en la arquitectura espacial europea», informan las mismas fuentes militares.
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