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El muro de la batalla más famosa de la Antigüedad va a recuperar su memoria
Cuando Leónidas, rey de Esparta, y sus 300 hombres llegaron a las Termópilas en el 480 a.C. para enfrentarse con el ejército aqueménide, encontraron un viejo muro defensivo que decidieron reparar y reutilizarlo como bastión defensivo. Conscientes de su inferioridad numérica y de la superioridad militar del ejército persa, los griegos eligieron el estrecho desfiladero de las Termópilas para intentar frenar el avance de las tropas de Jerjes. En la Antigüedad este paso estaba delimitado al este por el mar y al oeste por el monte Calídromo, y era el único corredor transitable que comunicaba el norte con el sur de Grecia. La configuración del terreno concedía a los griegos una ventaja estratégica ya que impedía al enemigo desplegar plenamente sus fuerzas y emplear la caballería. En el Libro VII de su 'Historia', Heródoto –una de las principales fuentes antiguas sobre la batalla, aunque escribió sobre ella medio siglo después de que tuviera lugar– describe el paso como un conjunto de tres desfiladeros consecutivos: el occidental, el central y el oriental, que ocupaban unos nueve kilómetros de extensión. Según el historiador, la estrechez del terreno era tal que apenas permitía el paso de un carro. A Leónidas y sus 300 hombres se sumaron otros contingentes llegados de otras regiones de Grecia; unos 7.000 griegos de Corinto, Arcadia, Micenas, en el Peloponeso, incluidos 700 tespios y 400 tebanos rehenes de Leónidas. En el otro bando estaba el ejército aqueménida capitaneado por Jerjes, con una abrumadora superioridad numérica –según algunos investigadores, por cada hoplita había ocho soldados persas–. Las características del terreno permitieron a los griegos frenar el avance enemigo durante dos días y causar numerosas bajas en sus tropas. Sin embargo, la situación cambió cuando Efialtes, el traidor más célebre de la historia, guio a los persas por una senda alternativa que permitió a las tropas de Jerjes alcanzar la retaguardia y masacrar a los griegos. Heródoto relata que las flechas del enemigo «cubrieron el sol» y que los griegos, aun sabiendo que estaban condenados a la muerte, decidieron quedarse, y luchar desarmados: «Se defendían con sus dagas quienes tenían la suerte de conservarlas todavía en su poder, y hasta con las manos y los dientes».Vista aérea del muro focenseLa batalla terminó en masacre, murieron Leónidas y sus 300 hombres; los 700 tespios que decidieron quedarse y luchar valientemente y los 400 rehenes tebanos. Sin embargo, la resistencia griega permitió ganar un tiempo decisivo para la organización de la defensa helena y la posterior victoria naval de Salamina. La batalla se convirtió, además, en un símbolo de la resistencia y el sacrificio frente al enemigo; los caídos fueron enterrados con honores en la colina de Kolonós, en la parte central del desfiladero y se erigió un monumento en honor a Leónidas.Las Termópilas fueron escenario de otros enfrentamientos a lo largo de la historia, como la batalla contra los galos, en el 279 a.C., y el enfrentamiento con los romanos, en el 191 a.C. Desde entonces, el paisaje ha cambiado considerablemente y los sedimentos arrastrados por los ríos de la zona han ido ganando terreno al mar y desplazando la línea de costa varios kilómetros. Tras las huellas de la batalla Las descripciones de Heródoto sirvieron en 1939 al arqueólogo Spyridon Marinatos a identificar los distintos espacios del campo de batalla. Durante la primera campaña de excavaciones en el sitio arqueológico se identificó la colina de Kolonós, descrita por el historiador griegos como la última resistencia de los griegos. No se encontraron, sin embargo, restos de la tumba ni del monumento debido a que el lugar había sido reutilizado con posterioridad. Sin embargo, Marinatos consiguió recuperar numerosas puntas de lanza y flechas de bronce que, tras ser comparadas con otras halladas en la Acrópolis y el ágora de Atenas empleadas por los persas durante el asedio a la ciudad, se confirmó que pertenecieron al ejército aqueménide. La ausencia de armas griegas en la colina llevó a Marinatos a dar por auténtico el relato de Heródoto sobre que los últimos combatientes griegos, tras perder sus armas, habían lanzado su ataque final contra el enemigo completamente desarmados. También se localizó el muro focense, fortificación construida por los focenses en el siglo VI a.C. para contener las incursiones de los tesalios en la parte central del desfiladero o puerta media. La muralla ocupaba la parte superior de una colina y su trazado se adaptaba a la morfología rocosa del terreno. En su lado sur, discurría un camino que estaba protegido por la propia muralla. Esta fue reparada parcialmente por los hombres de Leónidas y fue el principal bastión defensivo durante la batalla. Su posición, en el desfiladero central o puerta media, permitía reforzar la protección del paso y dificultar el avance de las tropas persas. Detrás de la muralla, en dos pequeños valles situados al sureste de la misma y cerca de un manantial de agua potable, los expertos creen que los espartanos levantaron un campamento militar. Cuando Marinatos inició los trabajos arqueológicos en la zona, el muro se encontraba prácticamente cubierto por la vegetación. Las excavaciones permitieron descubrir la puerta de acceso a la fortificación y los cimientos de una torre cuadrangular situada en su extremo oriental. Los arqueólogos también pudieron documentar diferentes fases constructivas y numerosas reparaciones realizadas con distintas técnicas y materiales. El tramo más antiguo correspondía con la construcción original de los focenses y estaba formada por bloques de piedra apenas trabajados. El muro focense sale del olvido En la actualidad, el muro presenta graves daños debido a su exposición a los agentes medioambientales y varios terremotos que han afectado a su estructura. Por esta razón el Ministerio de Cultura de Grecia acaba de iniciar su restauración. La intervención tiene como objetivo preservar el monumento histórico y recuperar su geometría original «respetando su autenticidad y los principios internacionales de restauración». La restauración del muro focense forma parte de un proyecto más amplio que tiene como objetivo integrar y poner en valor los distintos monumentos y espacios históricos de las Termópilas. Para ello, se habilitarán itinerarios y senderos peatonales que contactarán los principales puntos de interés del conjunto arqueológico. De este modo, el campo de batalla, la colina de Kolonós y el muro quedarán comunicados a través de varias rutas históricas que facilitarán el recorrido y la interpretación del lugar.
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