La Nacion
07/11/2026 22:14

De refuerzo de emergencia a protagonista del título: la historia de Enner Valencia y su noche soñada en Boca

El derechazo de Claudio Benetti que le dio a Boca el Apertura de 1992 y le permitió cortar una sequía de 11 años. El nucazo de Hugo Romeo Guerra para ganar el Superclásico del Clausura de 1996. El gol de Matías Arce ante Estudiantes para conquistar el Apertura 2000 y cerrar un año de Triple Corona, después de ganar la Libertadores y la Intercontinental. Hay jugadores que quedan para siempre asociados a las grandes alegrías de Boca, incluso cuando sus carreras en el club no hayan sido tan recordadas como aquellas conquistas. Enner Valencia ya es uno de esos héroes que quedan en la memoria de los hinchas por un gol que vale un título. Porque este título de la Tabla Anual no tendrá para Boca el nombre de “campeón de liga”. Tendrá, para siempre, el nombre de Valencia.

Cuando el ecuatoriano ingresó, a falta de 14 minutos y en lugar de Leandro Paredes, que ya no podía con su alma, Rodolfo Arruabarrena le avisó que alguna oportunidad iba a tener. Y no se equivocó. Su ingreso, de hecho, no estaba en los planes: si el capitán aguantaba unos minutos más, tal vez ni siquiera entraba. Boca ya atacaba con tres delanteros, a los que se sumaban Facundo Herrera y Lautaro Di Lollo, prácticamente convertidos en otros dos nueves. Sus primeras intervenciones tampoco fueron buenas: un par de pérdidas en el medio, un par de pases a los rivales y hasta algún murmullo de los hinchas por una pelota que no fue a presionar. Pero se tuvo fe y la última jugada lo encontró justo donde tenía que estar: dentro del área, atento al error del arquero y listo para marcar el gol que Boca llevaba tres años y medio esperando.

El gesto técnico de Valencia, al bajar la pelota con el muslo y rematar de volea antes de que picara, también tuvo algo de suerte: Ezequiel Burdín estaba en la línea para despejarla, pero el remate rebotó en Damián Fernández y terminó adentro.

“Esto es maravilloso. Queda para toda la vida. Es el gol más importante de mi carrera”, dijo Valencia, que por un momento pareció olvidarse de su extenso currículum: 250 gritos, diez títulos y seis tantos en los mundiales, tres en 2014 y otros tres en 2022. Nada de eso, según admitió, se comparaba con lo que acababa de vivir en la Bombonera, donde celebró como un hincha más.

“Sabía que venía al mejor club de Sudamérica”, expresó, todavía emocionado, el jugador que llegó a Boca casi de rebote, como una oportunidad de mercado. La lesión de Adam Bareiro, que lo dejó afuera por varios meses, obligó al club a buscar otro atacante y Valencia estaba libre tras su salida de Pachuca, donde no había tenido una buena segunda etapa. Tenía una propuesta de Jorge Sampaoli para sumarse a Talleres y también la posibilidad de regresar a Emelec, pero eligió Boca.

Valencia besa la copa junto a Miguel Merentiel: el titular y el suplente, unidos por el títuloALEJANDRO PAGNI - AFP

“Trabajamos para darles alegrías a los hinchas, es el primer paso de muchas finales. Hay que festejar y luego pensar en lo que se viene”, agregó. No era, de todos modos, su primera noche de gloria con la camiseta azul y oro. Valencia ya había sido decisivo en los cuartos de final de la Copa Argentina, cuando ingresó en el segundo tiempo y convirtió los tres goles del triunfo por 3-2 ante Racing, el último a los 89 minutos.

A Valencia le llevó tiempo adaptarse. El atacante, que esta semana cumplió 37 años, llegó con cartel, una larga trayectoria internacional y muchos goles encima, pero también sabiendo que corría de atrás. Durante casi todo el semestre fue suplente de Miguel Merentiel, que se adueñó del puesto ante la ausencia de Bareiro, mientras el ex West Ham, Everton y Fenerbahce alternaba buenas y malas y no terminaba de encontrar su mejor versión, ni siquiera después de aquel triplete ante la Academia. Pero le alcanzaron unos pocos minutos y una sola chance de gol para convertirse en protagonista de una de las noches más importantes de Boca en los últimos años.

El ecuatoriano acaba de convertir y arranca una carrera alocada junto a Merentiel; un gol para toda la vidaManuel Cortina

Valencia venía de un 2026 esquivo. Tras un flojo primer semestre en México, llegó al Mundial como una de las grandes figuras de Ecuador, pero se fue sin goles, pese a tener varias oportunidades, y con fuertes críticas de los hinchas que hasta entonces lo habían idolatrado. Por eso, su llegada a Boca también tenía algo de revancha: demostrar que estaba entero y que todavía tenía mucho para dar. Podía haber elegido un club con menos exigencias, pero prefirió apostar por Boca, aun sabiendo que no tendría demasiado margen de error. Y el fútbol terminó dándole la razón. Apenas vio que la pelota había entrado, salió disparado a festejar con los hinchas, que luego corearon su apodo durante la premiación.

Valencia, además, pudo festejar junto a su familia y dedicarles el gol a su hija Annalía, que ese día cumplía 10 años, y a Juan Román Riquelme, que había insistido para llevarlo a Boca.

Ahora vendrán más partidos, más finales y más títulos en juego. Pero Valencia ya dejó su marca, pase lo que pase de acá en adelante. Con los años, este campeonato agónico será recordado también por su gol. El que llegó a buscar a Boca cuando su carrera empezaba a apagarse y que terminó ganándose un lugar en el corazón de los hinchas. Porque a veces alcanza con una sola pelota para ser parte de Boca para siempre.

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