Purgatorio Vial
No hay dudas de que la visita de un Papa tiene un atractivo especial, aun para los no católicos.
Es el jefe, nada menos, de la Iglesia que representa a más de 1400 millones de fieles en todo el planeta y muchos de ellos vivimos en este fin del mundo al que Francisco decidió no volver. ¿Por la utilización política de su figura?, ¿para evitar morderse la lengua tras años de sermones tratando de enderezarnos sin mucho éxito hacia la humildad, la fe y la esperanza? ¿o para ahorrarnos los cortes de calles para garantizar su seguridad?
Es cierto que hay mucha gente molesta porque su vivienda, la de sus seres queridos o las sedes de sus empleos, entre otros destinos, quedaron dentro de los corralitos cercados por la policía. Un incordio, sin duda, pero pasajero. Por ejemplo, en los alrededores de mi casa se decidió que durará apenas diez días la Aduana de San Pedro. Dicho esto con todo respeto.
Como muchas cosas en la vida, se presentan dos caminos: enojarse o aprovechar tan trascendente visita para conocer mejor el barrio. Que el Purgatorio Vial no nos arruine la posibilidad de transitar mirando hacia arriba, es decir, hacia los carteles de algunos negocios.
Por ejemplo, dentro del perímetro del Vía Crucis del Conductor que me tocó en suerte hay una óptica que se llama “Chicatto”. No me diga, querido lector, que no es simpático.
Ese descubrimiento me hizo acordar de otros lugares cuyos nombres vengo compilando hace tiempo. Por caso, también en mi barrio, se encuentra “Gordis burguer”. Cero publicidad engañosa. En tanto, en Caballito, funciona la peluquería “Aquí no se hacen milagros”. Cortan el pelo, no la realidad.
En Mar del Plata, hay un lugar de comida al paso: “De dorapa”. “La esquina del ternero” le pusieron a una carnicería ubicada en un cruce de calles en Villa Crespo. Y me contaron que en Lanús funciona el bazar chino “El bazal”.
Una colega periodista que vive en Caseros, partido de Tres de Febrero, me juró y perjuró que allí existe la “Granja el pollerudo” y un compañero docente que frecuenta asiduamente el de Tigre da fe de haber ido bastante a la cervecería “Amor a primera birra”.
¿Qué tiene de bueno esto de mirar hacia arriba de vez en cuando? Que en la vida no todo es meme, como ocurrió con el nombre de una farmacia que las redes ubicaban en España: “Mi último deseo”.
Hablando de deseos: ojalá que la gira de León XIV sea un éxito, que al menos por tres días nos abuene un poco, que las ciudades apuren la ascensión de las vallas y que a Google Maps lo proclamen santo.
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