Cómo cubrió LA NACION las visitas de Juan Pablo II en 1982 y 1987
Treinta y nueve años pasaron desde que un papa dejó por última vez suelo argentino. El 12 de abril de 1987, luego de celebrar una multitudinaria misa de Domingo de Ramos -que, además, coincidió con la Jornada Mundial de la Juventud- Juan Pablo II se subió al avión que lo llevaría de vuelta a Roma. En 1982 había viajado al país por primera vez, en plena Guerra de Malvinas. Las páginas de LA NACION de esos días reflejaron el impacto que tuvieron sus dos visitas y el lazo afectivo que desde entonces unió a los argentinos con el pontífice polaco.
En sus 26 años de pontificado, el “Papa viajero” visitó 129 países en los 104 viajes que realizó. Para la Argentina tenía reservado un viaje pastoral, que fue el que llevó adelante en 1987: duró una semana y fue parte de una gira que incluyó Uruguay y Chile. Sin embargo, en 1982 decidió venir, en un viaje que no estaba planificado. Sí, en cambio, estaba programado desde 1980 un viaje a Inglaterra, justamente en el año de la guerra con la Argentina.
Como reflejan los artículos publicados en ese entonces en LA NACION, en una carta enviada al país -“Carta a los fieles de Argentina”-, fechada el 25 de mayo de 1982, aclara el carácter religioso de su viaje al Reino Unido y su decisión de llegar a nuestro país. “Hondamente preocupado por la causa de la paz y movido por el amor a vosotros, tan probados en estos momentos de dolor, desearía dirigirme incluso directamente desde Inglaterra a la Argentina y allí, entre vosotros y con vosotros, queridos hermanos y hermanas, elevar la misma plegaria por la victoria de la justa paz sobre la guerra”, escribió y firmó Ioannes Paulus PP.II.
El 11 de junio de 1982, Juan Pablo II llegó por primera vez a la Argentina. “Nuestro país es algo más que un testigo privilegiado de la preocupación constante del Padre Santo por la paz”, anunciaba en sus páginas LA NACION, días antes de su arribo, y hacía mención a la mediación entre la Argentina y Chile por el Canal de Beagle, que había llevado adelante con éxito el Papa. “Juan Pablo II, en un esfuerzo absolutamente inédito en la historia de la Iglesia, viene a la Argentina ‘con la firme esperanza de que se encuentre pronto, gradualmente, una solución honrosa por los caminos de una negociación pacífica’”, se señalaba en las mismas páginas, aludiendo a las palabras del propio Santo Padre en su carta a los argentinos.
En esos días, las noticias sobre la estadía del Papa convivieron en las primeras planas con información sobre la Guerra de Malvinas. “Hoy llega Juan Pablo II; los combates prosiguen en el Sur”, abría la edición del viernes 11 de junio de 1982. A continuación, un artículo sobre un “repliegue británico” y otro titulado: “Thatcher admitió que son muchas las bajas”. En los días previos a la llegada se dio a conocer la agenda de actividades de su visita, que duraría 34 horas, además de los cortes de calles, los cambios en el transporte y la declaración del primer día de su estadía como no laborable para la administración pública y bancaria, y optativo para la industria y el comercio, mientras que el segundo día era declarado feriado.
Bonifacio del Carril firmaba una columna titulada: “El uso de la inteligencia”, en la que hacía referencia a la decisión del Santo Padre de realizar un viaje no programado a la Argentina, en medio del conflicto bélico con Inglaterra. “Fue a Inglaterra como tenía que hacerlo, pero adoptó también una actitud sin precedentes en la historia de la Iglesia: decidió venir inmediatamente a la Argentina”, sin suspender el viaje que tiene proyectado a la Argentina y a Chile cuando las circunstancias lo permitan, o sea, que la Argentina será en la historia de este papado ilustre probablemente el único país que tendrá oportunidad de recibir dos veces al jefe de la Iglesia”.
Carácter pastoral y eclesial
Ya en tierra argentina, desde Ezeiza el Papa dirigió un mensaje a los argentinos. “Plena y gozosamente consciente de la conducción católica de esta querida Nación, en perfecta continuidad con mi precedente viaje apostólico, mi visita quiere estar marcada por el mismo carácter pastoral y eclesial que la coloca por encima de toda intencionalidad política. Es simplemente un encuentro del padre en la fe con los hijos que sufren, del hermano en Cristo que muestra nuevamente a Este como camino de paz, de reconciliación y esperanza”. Su agenda, detallada en las crónicas periodísticas, marcaba una visita a la Catedral Metropolitana, luego a la Casa de Gobierno y, a la tarde, se dirigiría a Morón “en vehículo descubierto; allí subirá al tren especial que habrá de llevarlo hasta Luján”, donde oficiaría una misa, uno de los actos centrales de la gira relámpago.
En la plaza de Luján, jóvenes y familias enteras pasaron la noche “bajo un cielo nuboso e inclemente, para tener la oportunidad de ver al Papa”, detallaba el epígrafe de una fotografía que muestra a la gente que había llegado al lugar con sillas, cajones, frazadas, termos y comidas. En el mes de junio, el frío y la lluvia estaban instaladas en el país.
El otro acto central fue la misa de Corpus Christi, que celebró al día siguiente en el Monumento de los Españoles, en Palermo. “Las autoridades y la población brindarán al ilustre huésped una recepción excepcional, no tanto por la magnificencia de los actos, que no pueden contradecir la gravedad de los hechos que se desarrollan en Malvinas, cuanto por el fervor y el afecto que se desea testimoniarle”, puede leerse en este diario. Según las crónicas, el despliegue de gente fue masivo. Los hoteles colmaron su capacidad por la cantidad de gente que llegó desde el interior y también desde los países limítrofes.
Las crónicas de 1982 se detienen también en los detalles relacionados con el Papa y su visita. Una nota se adentraba en la genealogía de Karol Wojtyla y se afirmaba que “no es descartable, aunque muy difícil de comprobar, por la destrucción de archivos en la Segunda Guerra Mundial, que varias de las personas mencionadas en la genealogía sean de familias de antigua nobleza”.
LA NACION también relata el encuentro del Papa con la comunidad religiosa argentina y la reunión que mantuvo con la Junta Militar. Su recordado papamóvil mereció también un lugar en las páginas. Se trató de “un vehículo especial que fue acondicionado en los talleres del Automóvil Club Argentino: una pick up dotada de una estructura metálica blindada, con cristales antibalas y un largo de caja de 5,40 m, ornamentado por la Dirección de Ceremonial de la Municipalidad”. En el viaje papal de 1987, Su Santidad usó un papamóvil que tenía triple piso, para defensa en caso de ataque con explosivos. Para esa nueva visita, fue reforzado con una cubierta acorazada en la parte superior y dos puertas traseras también vidriadas. El asiento giratorio permitía saludar en todas las direcciones. Para esta gira más larga hubo dos vehículos más: uno de Renault, producido en Córdoba, y otro construido por Sevel, para ser usado en Uruguay. Ambos tenían características similares al primero. También grabadas en la memoria popular, las palabras “Totus Tuus” adoptadas por el Papa, se imprimieron en llaveritos, banderas y otros elementos alusivos a la visita. LA NACION relataba su origen: Karol Wojtyla, al ser nombrado obispo auxiliar de Cracovia en 1958, las incluyó en su escudo pastoral. “Cuando fue elegido Papa, en 1978, expresó en su primer mensaje a la Iglesia y al mundo: ‘En esta gran hora que hace temblar, no podemos menos de dirigir, con filial devoción, nuestra mente a la Virgen María, que siempre vive y actúa como Madre en el misterio de Cristo y de la Iglesia, repitiendo las dulces palabras totus tuus -todo tuyo-, que hace veinte años escribimos en nuestro corazón y en nuestro escudo”. Como Papa, Karol Wojtyla mantuvo el mismo escudo que había tenido como obispo: sobre un campo azul una cruz de oro y a la derecha la letra M (María), en homenaje a la Madre de Dios y las palabras totus tuus.
Moderno en la forma de comunicarse con la gente, una nota de entonces titulaba “El Papa de la comunicación” y hacía referencia a que era difícil hallar a otro hombre de Iglesia que hubiera hablado tanto al mundo. “Juan Pablo II usa, como los demás pontífices, mucho los medios de comunicación; pero los emplea con más habilidad que sus predecesores. Nuestro ilustre visitante consigue reunir alrededor de su persona y de su palabra al mismo pueblo de Dios, al que enseña cómo usarlos mejor, con lo que confirma su estima por este tema, que, sin duda, constituye uno de los más grandes del futuro de la Iglesia”.
La misa en Palermo, antes de subir al avión que lo llevaría de vuelta, fue multitudinaria, según el relato de este matutino. “‘Queremos la paz, queremos la paz’, gritaban al unísono los presentes. ‘Me gusta este pueblo, es muy abierto’, susurró Juan Pablo II al cardenal Aramburu momentos antes de subir al jet de Aerolíneas Argentinas que lo condujo a Roma”, describía la crónica. Un día después, el 13 de junio de 1982, Pedro J. Frías firmó una nota titulada “El servicio pastoral según Juan Pablo II”. Allí decía: “Que la Fe piense, pero que todos piensen. El mensaje se amplía: cada uno es solicitado en su responsabilidad, en su generosidad, en su aptitud de crecer, de amar y adorar. Basta recorrer los discursos de sus viajes, con exhortaciones a tantas categorías de personas: netos, dialógicos, con indulgencia, pero sin complacencia”. El 14 de junio de 1982 llegaría la rendición argentina en la Guerra de Malvinas.
El segundo recibimiento
Cinco años después se concretaba el viaje pastoral planificado, de una semana de duración, en el que el Papa polaco recorrió nueve ciudades del interior (Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario) y pronunció 23 discursos. El 6 de abril de 1987 aterrizó en el Aeroparque, luego de haber estado en Uruguay y Chile. “La visita responde a una invitación conjunta de los episcopados de Argentina y Chile, formulada a fines de 1979, con motivo de la mediación de la Santa Sede en el diferendo austral que mantuvieron ambos países”, afirma la noticia en LA NACION. El 12 de abril, Domingo de Ramos, el Papa presidió en Buenos Aires la Jornada Mundial de la Juventud, antes de marcharse del país por última vez.
La gira que, comenzó en Uruguay y siguió por Chile antes de llegar a la Argentina, fue seguida con detalle desde las páginas de este matutino. “El Papa está desde ayer en Montevideo. Tuvo una entusiasta acogida y firmó el acta que recuerda su mediación en el litigio del Beagle”, se lee en la primera página del 1° de abril de 1987. En su siguiente paso, por Chile, en primera plana se informaba acerca de disturbios que se habían producido durante una misa. Allí, se contaba: “Juan Pablo II instó a rechazar la violencia y los terrorismos”. El lunes 6 de abril, un gran titular, con una foto del Papa con los brazos extendidos, que ocupaba el espacio central, anunciaba: “Juan Pablo II arribará esta tarde al país para una visita de siete días”. Se acompañaba de una biografía de Karol Wojtyla, a quien se definía como “un incansable predicador de la fe”. También se puntualizaba la cargada agenda que lo esperaba.
Ya en Buenos Aires, se informaba que consagró el país a la Virgen de Luján y bendijo la nueva sede de la Conferencia Episcopal Argentina, sobre la calle Suipacha. Entre las noticias se puntualizaba que, nuevamente, a su llegada se dirigió a la Catedral, a la Casa de Gobierno y finalmente a la Nunciatura, lugares en los que ya había estado en su anterior visita. También se daba precisión acerca de la comitiva de 34 personas que lo acompañaba e incluía al cardenal Primatesta, entonces arzobispo de Córdoba y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina; al cardenal Aramburu, quien era Arzobispo de Buenos Aires y primado de la República Argentina; al cardenal Pironio, que era presidente del Consejo Pontificio para los Laicos; a monseñor Ubaldo Calabresi, nuncio de Buenos Aires y responsable en el país del viaje papal en ese entonces; y a monseñor Jorge Mejía, en ese momento vicepresidente de la Comisión Pontificia “Justicia y Paz”.
Entre las crónicas, una vez más, la circulación vehicular era tema de noticia. A diferencia de la organización para recibir hoy al Papa León León XIV, con zonas de restricción vehicular absoluta y de peatones que no viven dentro del perímetro, en 1987 había restricción de tránsito de vehículos, pero “los vecinos de la zona podrán circular con sus vehículos, con un permiso que deberán gestionar en la comisaría seccional”, advertía LA NACION. “Los edificios de la zona (alrededor de la Nunciatura) le han otorgado un colorido marco a la zona, con banderas, del Vaticano y hasta polacas, junto con grandes carteles con leyendas tales como “Totus Tuus”, “Viva el Papa” o “Queremos seguir siendo tu alegría”, además de fotografías del Santo Padre que adornaban balcones y vidrieras de los comercios”, continuaba la descripción. Las crónicas de la época hablaban de un clima meteorológico más amigable del que había tenido la visita de 1982, con nubosidad, pero con temperaturas agradables y sin lluvias.
El primer día en Buenos Aires tuvo cinco horas de actividad oficial, que alcanzaron para que Juan Pablo II formulara definiciones de alto impacto. Contaba este diario que habló sobre cuestiones como la paz, la deuda externa de los países en desarrollo, la actitud de los gobiernos frente a la violencia, la moralidad pública y la actividad de los dirigentes políticos. “La necesidad de someter a un enjuiciamiento ético al endeudamiento internacional para establecer la responsabilidad de todas las partes, fue declarada anoche por Juan Pablo II al hablar en la Nunciatura ante el cuerpo diplomático”, narraba la nota. “Los viejos egoísmos nacionales o regionales y el subdesarrollo económico o cultural constituyen dos graves amenazas para la paz, estrechamente relacionadas entre sí. Ambas, dijo, solo pueden ser combatidas y superadas a la vez “de modo que el desarrollo se transforme en oferta fraternalmente solidaria””, añadía. En su paso por Buenos Aires, el Papa se hizo un tiempo para tener un acto con los trabajadores, en el Mercado Central. Allí, según la crónica, dijo que los gremios no deben limitarse a concertar salarios, sino que se tenían que esforzar por promover el desarrollo del hombre. También se informaba que se hizo un tiempo para un encuentro con miembros de la colectividad judía.
La cobertura de la gira del Papa por el interior del país fue exhaustiva y llevada a cabo por el enviado especial Juan Esteban Ezcurra o por corresponsales del interior, como Justino Caballero, en Rosario. En Tucumán, el Papa pidió que los argentinos fueran más solidarios e hizo una defensa de la familia. Ezcurra narró que, allí, “el acto tuvo características muy particulares por la activa participación del público, que en varias oportunidades animó al Papa a salirse del texto escrito para entablar casi un diálogo con los asistentes”. En Córdoba, Su Santidad mantuvo un encuentro con enfermos. “Quienes se enfrentan al sufrimiento con una visión meramente humana no pueden entender su sentido y fácilmente pueden caer en el desaliento. Los cristianos, en cambio, aleccionados por la fe, sabemos que el sufrimiento puede convertirse -si lo ofrecemos a Dios- en instrumento de salvación y en camino de santidad”, expresó el Pontífice. En Salta exaltó la tarea de quienes evangelizaron a los pueblos de esa región. En Corrientes saludó en guaraní y destacó a quienes llevaron hasta allí el Evangelio. Según Ezcurra, allí la fue pudo más que la intensa lluvia: “La ceremonia se cumplió tal como estaba prevista. El Padre Santo leyó su discurso sobre la religiosidad popular y la piedad mariana y la misa se ofició como si brillara un sol primaveral”. En Paraná, Juan Pablo II habló de los inmigrantes y de su aporte a la cultura de un país. En Rosario, promovió la acción de los laicos en la Iglesia y en el mundo.
De vuelta en Buenos Aires, la cobertura periodística lo acompañó al Luna Park, donde habló ante empresarios –“El empresariado debe ser artífice de una sociedad más justa”, titulaba la crónica- y en la Nunciatura recibió a miembros de la colectividad musulmana. Gran cobertura mereció la recordada y multitudinaria concentración de jóvenes en las avenidas 9 de Julio y Santa Fe, la noche del 11 de abril, donde el Papa se salió de la versión original de su alocución y pidió que no hubiera más secuestrados ni desaparecidos. Su pedido llegó a los titulares. La Jornada de la Juventud, aseguraban las páginas de entonces, fue masiva y muy larga: el Papa llegó a las 20 y se retiró a las 23.15 horas. Muchos habían acampado la noche anterior para conseguir un lugar.
La última misa de Juan Pablo II antes de dejar la Argentina fue la del 12 de abril, Domingo de Ramos, que coincidió con el Encuentro Mundial de la Juventud, en la Avenida 9 de Julio. Una vez más, la asistencia fue multitudinaria: 750.000 personas se dieron cita. Esa misma tarde partió desde Ezeiza. “Con un “Hasta siempre, Argentina”, el Papa dejó el país”, titulaba LA NACION. Antes de despegar, Juan Pablo II mantuvo un diálogo de quince minutos con el presidente Raúl Alfonsín y, finalmente, dio un discurso de despedida. “Ante tantos momentos entrañables, de profunda comunión, vividos en la fe y en el amor cristiano, mi corazón no puede menos de elevarse en sincero agradecimiento al Señor quien, en su bondad ha querido bendecir con largueza vuestra patria”, cerró su viaje.
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