La Nacion
08/11/2026 00:00

Visitamos la espectacular casa de playa de Danu Galitó en Bahía de los Moros

Cuenta la leyenda que un jinete y su caballo moro descubrieron esta playa virgen en la costa atlántica bonaerense al querer escapar, entre las dunas, de los peligros de la zona. También, que la protección del animal fue tan firme que se extendió a la tierra y que aún sigue vigente, preservando la arena, los médanos y la identidad agreste del lugar, bautizado Bahía de los Moros.

La entrada anticipa una sucesión de puertas y vanos que, pasando por el agua dulce de la pileta llevan la vista al mar.

No es casualidad que, allí mismo, Danu Galitó haya encontrado un lugar que la identifica. “Este es un espacio muy nuestro, que no sigue ninguna convención. Logramos un punto de descanso y de descarga, completamente aislado del ruido”, cuenta en referencia a la casa que diseñó para pasar tiempo frente al mar con familia y amigos, y cuya ejecución estuvo a cargo del estudio Giunti-Marini, con base en Necochea, a 30 kilómetros de distancia.

Danu Galitó, la multifacética dueña de esta casa de playa.

Galitó estudió Comunicación Social, luego Marketing, trabajó en una revista, dirige un taller literario desde que tiene 22 años y tuvo una marca de bikinis. Ese know-how adquirido en la búsqueda de proveedores y materiales la catapultó hacia el interiorismo y a abrir -en 2006 y con su socia, Lucía Orcoyen- El Sótano Vintage, una tienda de curaduría de piezas vintage y de diseño. Y como el arte se mezcla en todo, ve muy natural trazar una relación entre la literatura e interiorismo. “El diseño de una casa también es una decisión narrativa: hacer dialogar el cuero con la lana, la seda cardada de un almohadón con el lino antiguo del sofá; el cemento con la piedra”, sintetiza.

La pileta revestida en piedra tiene un color natural y profundo.

“En línea con la búsqueda monocromática del proyecto, pensé un paisajismo sencillo con olivos, formios, piedras y arena en los canteros. En las dunas crecen cortaderas y flores amarillas, y con eso me alcanza”.

Más allá del descanso de las reposeras, un refugio de sombra comunicado con el vestuario.

“Me gusta la playa un rato, por eso diseñé una casa cómoda y abierta de par en par, en la que pudiera sentirme pegada al mar desde cualquier espacio, incluso sin tener los pies en la arena”.

El techo de la galería anticipa el del interior, con tirantes fabricados con los cabios de pino en su estado natural, exhibiendo hasta su corteza; llevan una capa de pintura para protegerlos del deterioro y los desprendimientos. El blanco y sus matices

“Las casas de playa me gustan blancas. Es algo que se repite en muchos lugares del mundo, porque el blanco y el mar se dan la mano en la espuma, en la arena. La riqueza está en encontrar matices con distintos quiebres de tono en los textiles, el cuero y los metales laqueados”, señala Galitó, anticipando lo que vamos a ver en el amplio espacio social.

La mesa de bar junto a la entrada se armó con tablones de un aserradero de Necochea, pintados para acompañar el hierro del espejo.

Comunicadora social de profesión y esteta por naturaleza, Galitó hizo de la mirada su principal herramienta de trabajo, y fue durante un viaje a Perú que, automáticamente, imaginó esta planta. Así opera en todos sus proyectos: pivotando entre la naturaleza, la imagen, el diseño y la historia. “Siempre fui fanática de la simetría; me da paz. Estando con mi marido en Machu Picchu hice el click que me trajo a estas formas: me topé con una vista larga flanqueada por construcciones espejadas y quise repetir esa sensación en la playa”, comparte.

El revestimiento de las paredes está hecho con piedra de Zapala pintada de blanco, el mismo color elegido para el techo de madera sin cepillar. En el piso, cajas de luz de la artista chilena Catalina Swinburn, a las que Galitó les hizo bases de madera.

Las alfombras tienen un rol clave para sectorizar comedor, bar, livings satélite contra las ventanas y señalar los caminos a la galería.

Danu Galitó diseñó la mesa de juego, cuya base de madera fue el carretel donde se enrollan los cables para el tendido eléctrico subterráneo, a la que sumó una tapa de mármol. Silla metálica de la firma neerlandesa PolsPotten.

“A los cuadros de Nicolás Franco los compré en ArteBA cuando tenía este lote pero no aún el proyecto; así que diseñé los muros con sus medidas en mente, sabiendo dónde quería colgarlos. No concibo una casa sin arte y trato de educar a mis clientes para que incorporen obras, sobre todo cuando tienen hijos chicos, para que crezcan empapados de cultura”.

Sillones individuales vintage. Mesa ratona ‘Bigger’ (Poliform). Alfombra central (Awanay).

“El living-comedor tiene un centro donde ocurre el encuentro, y alrededor pueden pasar otras cosas: leer un libro o tomar un mate junto a la ventana; jugar a las cartas en la mesa circular o trabajar en la del comedor”.

Alrededor de la mesa de comedor, sillas ‘Casalino 2007’, un diseño original del alemán Alexander Begge para Casala que data de los años 70.Una cocina con sentido

“Coloqué espejos decorativos para que la cocina no pareciera estrictamente un espacio de servicio: pasamos mucho tiempo ahí y quería que se sintiera como el resto de la casa. Al margen de que reflejan el techo de madera, el gran protagonista de la arquitectura”, explica la interiorista.

Alfombra de la firma sueca Brita.

Sobre estas líneas asoma una alfombra lavable en blanco y negro. “Además de que me gustan las alfombras en las cocinas, como este piso de cemento es muy poroso, la necesito para atajar todo lo que caiga de la mesada”, apunta Galitó, que además eligió madera de álamo para los muebles.

Piedra y madera, elegancia y calidez.

“Creo en un producto final integral, en el que existe un hilo conductor que define hasta las cucharas. Es muy lindo abrir un cajón en la cocina y encontrarte con que todo tiene que ver con tu propuesta”.

Mirada conceptualEl vanitory hecho con madera de pino se apoya sobre piedras (una referencia más a las ruinas de Machu Picchu), Luces colgantes ‘Ministerio’ (Casa Rago).

“Creo mucho en el círculo; en historias que cumplen ciclos y en otras que se repiten. Por eso lo evoco en ventanas, mesas, alfombras. Son recursos que me ayudan a encontrar coherencia con mi modo de concebir la vida y el pensamiento: no lineal”.

La bañadera exenta con vista al horizonte infinito y una ducha, protegida tras la puerta galponera.

“Los cuatro cuartos tienen idéntica materialidad y terminaciones, el mismo juego de alfombras que en el living y su baño en suite”.

En el dormitorio de las hijas, obra de Catalina SwinburnDe cara al sol y a la distancia.

   

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