Ciudad deteriorada
Cada lluvia vuelve a desnudar la realidad de una ciudad que parece estar a la deriva. Escuelas inundadas, como la Nuestra Señora de la Asunción del barrio Azucena, donde 231 alumnos ven interrumpidas sus actividades educativas porque las autoridades no fueron capaces de solucionar un problema que lleva años. Barrios enteros bajo agua, calles convertidas en verdaderos arroyos y caminos vecinales que se vuelven intransitables ante la falta mantenimiento e inversión.
A esto se suma el deplorable estado de numerosos caminos de Coronel Oviedo, donde productores, trabajadores, estudiantes y pobladores deben sortear diariamente pozos, barro y enormes dificultades para trasladarse. Una ciudad que se presenta como capital departamental, pero que en muchos sectores ni siquiera puede garantizar caminos transitables y un sistema básico de desagüe pluvial.
Lo más indignante es que estos problemas no son nuevos. Se repiten administración tras administración, mientras los reclamos ciudadanos quedan archivados y las promesas electorales se convierten en discursos olvidados. Los recursos públicos deberían traducirse en obras, servicios e infraestructura.
Sin embargo, también corresponde una reflexión sobre la responsabilidad de la ciudadanía. Resulta preocupante que, pese a tantos años de problemas sin resolver, una parte importante del electorado siga respaldando a las mismas estructuras políticas y a las mismas autoridades que han tenido oportunidades de sobra para demostrar resultados. Pareciera que no aprendemos de nuestros propios errores.
La democracia permite elegir y reelegir, pero también exige memoria y responsabilidad. No se puede reclamar una ciudad diferente si, a la hora de votar, se repiten las mismas decisiones esperando resultados distintos.
Coronel Oviedo no necesita más discursos, fotografías de autoridades recorriendo barrios inundados ni promesas que desaparecen cuando deja de llover. Necesita obras, planificación, transparencia y autoridades que entiendan que administrar los recursos públicos no es un privilegio, sino una obligación.
Coronel Oviedo merece mucho más que resignarse a vivir bajo agua cada vez que llueve. Pero también necesita ciudadanos que recuerden, cuestionen y exijan, especialmente cuando llega el momento de volver a las urnas.
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