Exaltación y agonía de la bolaterapia
Cayó Ueno, el banco disruptivo, digital, que no dormía pues tenía los ojos abiertos las 24 horas del día. En tres años digirió un enorme bocado de los entes públicos. La caída de Ueno arrastró al presidente Santiago Peña, destituido por sus indisimulables maniobras en favor de tal banco.
Mientras muchos se asombraban del crecimiento imparable del monstruo financiero, otros se preguntaban por qué le era tan fácil crecer así.
Hasta que comenzó a asomar el hilo de la madeja. El banco estaba absorbiendo cantidades gigantescas de fondos públicos, entre ellos los del IPS, un dadivoso proveedor de Ueno rompiendo incluso sus propios límites para depositar en bancos.
La bola creció, hasta lo que ocurrió. A las 3 de la madrugada del 3 de noviembre el BCP avisó que vio la luz (que ocultó durante mucho tiempo) e intervino Ueno. Su fachada lujosa ocultaba una verdad sobrecogedora: Ueno era una gran bolaterapia.
Y trágica. Dejó 3 millones de damnificados. Algunos no recuperarán la totalidad de su dinero, quizá el ahorro de toda la vida, a no ser que ocurra un milagro. Otro hecho punzante: alrededor de 800 millones de dólares de entes públicos son casi insalvables. Nadie puede asegurar que el dinero que Ueno recaudó esté en tal o cual parte.
Dinero público. Por qué en cantidades extravagantes. La razón es patética. El presidente de la República, Santiago Peña, tenía un amor carnal con Ueno. Y por amor habilitaba tantos fondos públicos para fondear a ese barril sin fondo en que se convirtió Ueno. “Arreglá tu banco”, le gritó Cartes antes de que rompieran relaciones definitivamente. Ya la bolaterapia estaba destapada.
El amor Peña-Ueno pasó a convertirse en pasión criminal. Cuanto más dinero público posibilitaba Peña, más histérico se volvía éste cuando le preguntaban sobre lo que se iba descubriendo de “su” banco. “Es una campaña mediática mezquina y mentirosa”, vociferaba a periodistas de este diario. Debía defender su bolaterapia.
“Los bancos caen en todos lados (…). En ningún país donde los ahorristas cobraron se destituyó a un presidente”, sostuvo Ricardo Preda, abogado de Peña en el juicio político. Pero en esos países el presidente no era el proveedor de fondos públicos para el banco caído.
El Paraguay vivió durante un tiempito la exaltación de un banco alimentado por el Estado cuyos fondos se los abrió el propio presidente de la República. Y cuando la bolaterapia ya fue insostenible, sobrevino la agonía de un pueblo que una vez más fue engañado por su propio mandatario.
Peña fue expulsado y esa misma noche, apresado. Todo por una bolaterapia, palabra paraguaya de certera precisión en este caso.
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