Olivos manchados de sangre
Se dice, se comenta por ahí, que no amas tu ciudad o que la odias, si la criticas. En mi caso particular, llevo criticando Madrid, incluso cuando me gustaba el viejo profesor que la pastoreaba, desde que llegué a su periferia a los doce años. Puede que fuera precisamente esa situación periférica la que me dio una visión privilegiada de las carencias urbanas, porque desde los barrios se percibía todo lo que nos faltaba: metro, parques, servicios sociales. A nadie se le pasaba por la cabeza que salir en manifestación fuera un indicativo de falta de amor. La suerte de Madrid es que siempre ha sido una ciudad criticable. Pero existe hoy un neonacionalismo inspirado por sus dirigentes que trata de acallar las voces de quienes pagando sus impuestos aquí se alzan para decir que no quieren una ciudad destinada solo al beneficio económico, políticas que están esquilmando el carácter de esta querida ciudad imperfecta, a la que “no nos une el amor sino el espanto”.
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