La Nacion
08/11/2026 06:00

Cartes, el titiritero del poder guaraní que disputaba la sucesión con Peña

ASUNCIÓN.– Un posteo bastó. A tono con los tiempos modernos, Horacio Cartes, un político clásico, se valió de la red X para desmoronar el poder de quien fue su delfín. El 5 de noviembre escribió que el Partido Colorado votaría a favor del juicio político y se despegó del entonces presidente Santiago Peña con una frase de alto voltaje: dijo que no estaría con quienes saquearon la plata pública, la privada y la de los jubilados. De ahí en más, el escándalo de Ueno Bank se convirtió en una bola de nieve que se llevó consigo a Peña.

Pasaron un par de horas y a la sede partidaria llegó Pedro Alliana, el vicepresidente, con quien Cartes tenía una relación lejana y un escaso intercambio de palabras, para acordar quién se quedaba con el poder. Al día siguiente, el Senado votó la destitución sin un solo voto en contra y el vice se calzó la banda.

Para entender la escena hay que retroceder apenas tres semanas, cuando el presidente que Cartes había fabricado se le animaba por primera vez. En abril, Alliana había blanqueado su aspiración presidencial para 2028, y tanto Cartes como Peña lo habían respaldado en público. La grieta se abrió por el compañero de fórmula. El jefe colorado pretendía imponer como vice a Juan Carlos Baruja, titular del Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat. Alliana dijo que no.

El expresidente Horacio Cartes, con una bandera del Partido Colorado en 2023Jorge Saenz - AP

Cartes contestó con un golpe de mesa: dio vuelta la fórmula, ungió a Baruja como candidato a presidente de Honor Colorado y dejó al vice sin lugar. Peña, que hasta entonces nunca le había llevado la contra a su padrino, se puso del lado de Alliana y le prometió respaldo sin condiciones, incluida la libertad de elegir a su compañero.

La reacción del jefe colorado fue todavía más brusca. El 18 de octubre anunció que su movimiento no competiría en las internas de 2027 y que él mismo no buscaría la reelección al frente del partido. Baruja, por su parte, se bajó de cualquier candidatura. Honor Colorado, la maquinaria que había gobernado el coloradismo durante 10 años, se quedó sin nadie a quien postular.

Pero esa podría ser una lectura de las cartas que se ven sobre la mesa. En rigor, el enfrentamiento era más profundo. Lo que se jugaba en los subsuelos, entre Peña y Cartes, era la administración de la sucesión y, de paso, el liderazgo de la política paraguaya en los próximos años. Para ilustrarlo, vale repasar la trayectoria de ambos políticos.

Pedro Alliana, nuevo presidente de ParaguayFabián Marelli

Peña venía del liberalismo y de una carrera técnica en el Banco Central y el FMI. Cartes lo sumó a su gabinete como ministro de Hacienda, lo llevó al directorio de su banco y finalmente lo ungió candidato a presidente. Pero, como sucede prácticamente siempre cuando se convive con el poder, el hombre quiso no solo ser presidente, sino también convertirse en el elector y hombre fuerte de su sucesión. Esa era la pelea de fondo: Peña intentó desbancar a Cartes de su rol de titiritero del poder y ser él quien manejara los hilos. Para eso, los leales a Peña y Alliana habían empezado a armar su propio movimiento dentro del partido: el peñismo.

El abrazo con el enemigo

Cartes, mientras tanto, jugó una carta que nadie tenía en el radar. El 14 de octubre se sentó con Mario Abdo Benítez, su archienemigo de los últimos años, con quien había intercambiado acusaciones y hasta denuncias en tribunales. La explicación oficial fue la inquietud por la salud del sistema financiero. Un segundo encuentro quedó en suspenso.

Abdo conduce Fuerza Republicana, columna vertebral de la disidencia colorada, que se completa con los grupos de Hugo Velázquez y Lilian Samaniego. Ese bloque fijó diciembre como fecha límite para consagrar un candidato único, y Arnoldo Wiens figura entre los posibles postulantes. A mediados de octubre, un diputado de esa tropa, Daniel Centurión, todavía juzgaba imprudente siquiera mencionar un juicio político al presidente. El acercamiento con Cartes, sin embargo, transformó al viejo adversario en un aliado potencial contra el peñismo.

Alberto Fernández y Mario Abdo Benítez, cuando eran presidentes de la Argentina y del Paraguay LUIS ROBAYO - AFP

Con esas internas de poder a cielo abierto, las desvergüenzas financieras de Ueno Bank hicieron el trabajo sucio. La reconstrucción de la prensa local da cuenta de que Cartes había alertado a Peña de que el banco podía iniciar un camino en picada, y que después se quedó quieto, a esperar. Cuando el escándalo llegó al despacho presidencial, al jefe colorado le bastó ordenar a los suyos y sumar a los disidentes, que hasta la semana anterior le peleaban la candidatura a Alliana.

Es decir, Peña, con su ceguera financiera, logró lo imposible: unir a los colorados en su contra. Y semejante desplante de su propio partido lo encaminó sin ningún obstáculo al abismo. Un asterisco acá. Quizá esta crisis de Paraguay tenga una rareza en la región: casi nadie salió a defender al presidente caído en desgracia. Esa particularidad explica lo que Peña nunca quiso ver: el titiritero Cartes no solo manejaba los hilos, sino que también sostenía la base sobre la que se paraba. Cartes se retiró y Peña se vino abajo. Eso es poder, al menos en códigos políticos de América Latina.

Lo cierto es que, en pocas semanas, el vice al que Cartes había sacado de la fórmula llegó a la presidencia empujado por el propio Cartes. Para un hombre al que el Tesoro de Estados Unidos sancionó en 2023 por corrupción, no es un mal regreso.

La oposición, otra vez dividida

Del otro lado, la oposición repasa la lección de 2023, cuando Peña se impuso con el 42,74% frente al 27,48% de Efraín Alegre y el 22,91% de Paraguayo Cubas. Sumados, los derrotados tenían más votos que el ganador.

Hoy el opositor con más volumen es Miguel Prieto, que gobernó Ciudad del Este y conduce Yo Creo; jura que acompañará al elegido aunque no sea él. Los liberales del PLRA tienen sus propios aspirantes: Ricardo Estigarribia, Eduardo Nakayama y Celeste Amarilla, mientras Salyn Buzarquis se ofrece como compañero de Prieto.

Cartes asiste a un desfile militar tras asumir la presidencia, en Asunción, ParaguayCesar Olmedo - AP

Lo que no está resuelto es el método: internas abiertas, encuestas, una alianza o una nueva concertación. Prieto cree que la fractura colorada y el hartazgo de la gente le abren una ventana a la oposición. El problema es que el coloradismo tiene una larga historia de pelearse en las internas y llegar unido a las generales.

En Paraguay, el mandato presidencial dura cinco años y el presidente no puede ser reelecto bajo ninguna circunstancia. Alliana completará el período hasta el 15 de agosto de 2028, pero su sueño de pelear por la presidencia quedó en un limbo: la Constitución restringe esa posibilidad para quien ya ejerció el cargo. Las internas de fines de 2027 dirán si el titiritero vuelve a elegir al próximo presidente o si esta vez alguien le corta los hilos.

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