El lujo de la mano humana
A finales de octubre, la firma italiana de moda Prada, lanzó su campaña navideña, Drawing Prada: Animated by Hand. En una época en la que el desenfrenado avance tecnológico ha saturado a los consumidores, la firma eligió recurrir a artistas que hacen sus dibujos a la antigua, con papel y lápiz. John Pomeroy, un animador de 75 años a quien conocemos por su trabajo en Disney en películas como “Bernardo y Bianca” (1977), “Mi amigo el dragón” (1977), “Pocahontas” (1995) y algunas secuencias de “Fantasía 2000”, dirigió la campaña, que según Prada “se inspira en la esencia humana de la narración de historias”.
León Tolstói, en “¿Qué es el arte?” (1897), define el arte como “una actividad humana consistente en esto: que un hombre, conscientemente, por medio de ciertos signos externos, proporciona a otros los sentimientos que él ha vivido, y que otros se contagien de esos sentimientos y los experimenten también”. Si no hay sentimiento vivido, no hay nada que contagiar. Según esta definición, aquello creado por una tecnología no consciente y no sintiente, no podría ser arte. Lo hemos visto por todos lados, en volantes para negocios, en textos para redes sociales, en imágenes que buscan comunicar emociones y sentimientos profundos, pero que al venir de una máquina que no ha vivido nada, dejan un vacío en el receptor.
Podemos producir imágenes a gran escala con la IA, pero en el fondo, como Prada bien ha detectado, existe una añoranza por aquello que viene de un lugar más profundo, de una persona que siente y quiere transmitir a los demás esa experiencia vivida a través de una obra que podría realmente llamarse arte.
Dior lanzó una campaña similar, el corto animado “Christian Dior’s Night in Color”, dirigido por el cineasta francés Sylvain Chomet. Ambas, aunadas a otras señales de regreso a lo análogo como la compra de viniles entre la generación Z, el regreso de los pasatiempos manuales, y el resurgimiento de la fotografía de rollo son representativas de una tendencia en la que el consumidor añora aquello que es hecho por manos humanas.
Sin embargo, la campaña de Dior desató una polémica. Mientras que Prada hizo videos con los animadores y mostró sus bocetos dibujados a mano, Dior no lo hizo. En redes sociales empezaron a surgir sospechas de que la campaña había sido animada con inteligencia artificial porque demostraba algunos errores clásicos de la tecnología como manos con seis dedos. Chomet lo negó, aunque admitió que los cuadros intermedios sí habían sido generados de forma automática. La casa que presumió de artesanía de taller entregó a la máquina precisamente la parte del oficio que antes hacían dibujantes jóvenes, y el público lo notó. Lo importante aquí es que el simple hecho de que la sospecha generara tanta indignación muestra el intenso reclamo de autoría humana.
En Países Bajos, McDonald’s tuvo que retirar su anuncio navideño hecho con IA el año pasado después de días intensos de críticas. Gucci recibió críticas similares después de utilizar imágenes generadas con IA para promocionar su desfile en Milán.
Cuando la electricidad se volvió barata, las velas se convirtieron en artículos de lujo, tal y como lo predijo Thomas Edison. ¿Te parece casual que Coca-Cola, una marca masiva, insista cada Navidad en anunciarse con IA mientras las casas de lujo presumen la mano humana? ¿Dejaremos que el arte hecho por humanos se convierta en algo a lo que solo las grandes marcas de lujo puedan acceder?
@luciachidan
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