Elección global
Las pasadas elecciones de medio término en Estados Unidos han tenido en cierta manera un trasfondo global, es como si todo el planeta hubiese expresado su voto a través del voto demócrata.
Un proceso electoral que era esperado y fue atendido por todos los medios de comunicación dentro y fuera de Norteamérica, también por todos los jefes de gobierno, por los analistas financieros, los organismos internacionales, y cuanta persona vivía las afectaciones que el estilo de Trump les generaba. También por aquellos a los que les favorecía, que los había.
Sin duda que los aliados políticos del presidente estadounidense, en Europa y en Oriente, recibieron un fuerte impacto. En América Latina, Trump no tiene aliados políticos, solamente títeres o adversarios, que para ser aliado se requiere una calidad y condición que nuestros mandatarios no tienen, y para ser adversario se necesita poseer una situación económica y social muy respetable, como es el caso diría único de Brasil, sin estas calidades, ser adversario resulta suicida, como lo hemos podido constatar en otros países.
Por lo mismo debe destacarse de manera muy notable el resultado electoral que se tuvo en Brasil, no por su confirmación de izquierda, sino por su afirmación de una soberanía efectiva, no meramente verbal. Un triunfo digno de celebrar, pues se logró a pesar de toda la maquinaria intervencionista estadounidense que, atrapando a la primera economía de Latinoamérica, pretendía además golpear al BRICS, con todas las carambolas que eso supone, y seguir aumentando el número de marionetas latinoamericanas dispuestas a bailar en el teatro de Trump.
Afortunadamente la trayectoria brasileña lo ha puesto de momento a salvo de correr la suerte de los demás países cuyas pasadas elecciones estuvieron bastante bien engrasadas por el dólar, todavía capaz de comprar y vender países enteros, o saquearlos a la vista de todos, como sucedió con Venezuela, país que comprometió sus riquezas naturales a cambio de nada.
La cruda norteamericana no ha sido menor. Los aranceles han perjudicado seriamente la economía del país vecino, a tal punto que en este momento en Estados Unidos no hay acero ni precio que lo compre, la inflación no ha podido contenerse, y la productividad del campo se ha visto muy perjudicada, lo mismo que el comercio urbano, en especial el fronterizo. En apenas dos años Trump no ha podido volver a hacer grande a América, pero sí ha vuelto tan odiosa su gestión que los ciudadanos de aquel país, al menos los más sensibles e informados, no pueden sino sentir vergüenza por lo pasado y angustia ante lo porvenir.
El triunfo demócrata ha sido igualmente un revés al derechismo mundial, y una puesta en ridículo de los presidentes latinos que tuvieron la desvergüenza de participar en un encuentro promovido por Trump, a los que otros presidentes no habían sido invitados, desbaratando en un solo acto la pretendida solidaridad y aún hermandad latinoamericana.
En efecto, en aquel 7 de marzo del año en curso, en Miami, tuvo lugar la pretenciosa reunión del “Escudo de las Américas”, con la participación de los presidentes de Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Honduras y República Dominicana entre otros, a ninguno de los cuales le vino en mente, al menos por dignidad, preguntar por la ausencia de los demás líderes, o condicionar su asistencia a la participación de todos, dado el rumboso título que a tal evento se le había dado. Pero así es nuestra idiosincrasia, por lo mismo no sería de dudar que cuantos entonces se protegieron bajo tal escudo, anden ahora buscando la protección del ahora triunfante.
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