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Descendientes de los canarios y malagueños de la Luisiana: «Orgullosos de nuestras raíces»
Elizabeth McNabb era la morena de la clase. Su piel oscura la distinguía del resto de sus compañeros, de tez mucho más clara. Su madre, en casa, guisaba gambas al ajillo y sofritos que más tenían que ver con la cocina caribeña que con el pollo frito de Luisiana. Y cuando escuchaba flamenco, su sangre hervía. Algo en su biografía no cuadraba. Pero no fue hasta los 20 años cuando descubrió que detrás de todo eso había unas raíces españolas que desconocía. Desde entonces, la pasión de su vida es mantener viva aquella cultura heredada . «Nuestros ancestros merecen que los recuerden», defiende.Esta música y profesora de 32 años años es una de los descendientes de los 2.000 canarios llegados en el siglo XVIII, entre 1778 y 1783, para repoblar la Luisiana, en aquel momento un vasto territorio español que se extendía a lo largo del Misisipi desde el golfo de México hasta los Grandes Lagos. Esos 'isleños', como se los conoce en Luisiana, mantienen hoy vivo el legado de sus antepasados.Un tío de Elizabeth le habló de su abuelo, al que llamaban el 'Old Spaniard' no por casualidad. También supo que unas tierras familiares habían sido concedidas a sus antepasados por las autoridades españolas al norte de la actual Lafayette.A partir de ahí comenzó a rastrear en internet registros de nacimientos de la Iglesia de España y documentos franceses, así fue como halló sus orígenes canarios. No fue fácil, ya que las raíces españolas habían quedado ocultas con la adaptación de los nombres y la topografía a formas francesas.Por ejemplo, el apellido Acosta de la familia de su madre había pasado a ser Lacoste. «Mi abuela está allí en el cementerio con el nombre francés», apunta. «Llevaba 20 años sin poder decir que sí, soy canaria», afirma con orgullo. La 'isleña' Elizabeth McNabb, en el Cabildo de Nueva Orleans. M. T.«Quiero reconstruir el puente entre España y Luisiana» Elizabeth McNabb Descendiente de canariosTras conocer que era una isleña, no sólo comenzó a estudiar español con una fuerza de parecían darle sus propios ancestros, asegura, sino que ahora enseña la lengua de Cervantes a alumnos de Secundaria de Nueva Orleans y trabaja con músicos españoles para «reconstruir el puente entre España y Luisiana».Como Elizabeth, muchos otros descendientes de aquellos canarios que iniciaron una nueva vida al otro lado del Atlántico mantienen vivo el recuerdo de sus antepasados y su legado cultural. A finales del pasado septiembre la Reina Doña Sofía visitó a representantes de estos ‘isleños’ a las afueras de Nueva Orleans, adonde Su Majestad asistió al III Simposio America&Spain250 organizado por el Queen Sofía Spanish Institute y The Historic New Orleans Collection.El encuentro se celebró el Chalmette High School Performing Arts Center, en la parroquia (el equivalente a los condados en otros estados) de St. Bernard, donde una organización sin ánimo de lucro, Los Isleños Heritage and Cultural Society of St. Bernard, trabaja por la preservación de la historia, la lengua, la música y las tradiciones de esa herencia compartida y cuya sede, Los Isleños Museum and Historic Village, sirve para mostrar a las generaciones presentes cómo se vivía entonces en esta zona de los actuales Estados Unidos.Del mismo modo, en el corazón del estado de Luisiana pervive la memoria de los 700 malagueños enviados a aquellas tierras en 1778 gracias a sus descendientes. Aquellos andaluces de hace dos siglos y medio se asentaron en una nueva población bautizada como Nueva Iberia.Nueva Iberia celebra cada año un festival para honrar las raíces españolas de la localidad. ABCBrinkley Segura López forma parte de una de las siete familias originales que permanecen allí –los Gary, López, Míguez, Prados, Romero, Segura y Viator– y preside en la actualidad el New Iberia Spanish Festival, que cada año desde 2012 reconoce la herencia y la cultura españolas en la localidad.En su caso, descubrió su conexión con Málaga gracias a la investigación del archivero José Manuel de Molina Bautista, de Alhaurín de la Torre , sobre los primeros habitantes de Nueva Iberia. «Me siento cien por cien orgullosa de mis raíces españolas», afirma Brinkley.«Como, duermo y respiro la cultura española. No hay un soo día que no haga algo para promover nuestra historia y herencia» Brinkley Segura López Descendiente de malagueños« Como, duermo y respiro la cultura española –recalca–. No hay un solo día que no haga algo para promover, honrar o formar a otros sobre nuestra historia y herencia españolas».Y no considera Brinkley que esta herencia española entre en conflicto con la identidad de los Estados Unidos. Al contrario, la ve como «una parte importante de la historia estadounidense». «De hecho –apunta–, algunos de los españoles que más tarde formaron parte de nuestras familias fundadoras en New Iberia lucharon en la Revolución americana por la libertad y la independencia de los Estados Unidos».En su caso, esto es algo además «muy personal» por ser descendiente directa de Francisco Bouligny , fundador de Nueva Iberia, combatiente en las campañas en el bajo Misisipi, Mobile y Pensacola durante la Guerra de la Independencia y gobernador interino de la Luisiana en 1799. «Saber que tengo un vínculo directo con alguien que luchó por la libertad y la independencia de los Estados Unidos me hace sentir especialmente orgulloso de mi herencia española y del lugar que esta ocupa en la historia estadounidense».Con el paso de las generaciones y los matrimonios con personas de otros orígenes las tradiciones españolas se habían ido diluyendo en Luisiana, pero actualmente en Nueva Iberia se vive con pasión este reencuentro con las raíces, con actividades que reafirman esa conexión a través de la comida, la música o el arte.De concurso de paella a flamenco y ganchillo«Trabajamos durante todo el año para mantener viva nuestra identidad española en New Iberia, especialmente nuestro vínculo con Málaga y nuestra ciudad hermana, Alhaurín de la Torre». En concreto, «la gastronomía es una de las formas más sencillas de acercar a la gente a nuestra herencia española», reconoce. «Como aquí todos conocen y adoran la jambalaya –plato típico de Luisiana a base de arroz–, al presentar la paella, la conexión resulta evidente de inmediato», de manera que el concurso de paella y tapas «ofrece cocina española auténtica con un toque cajún, demostrando cómo pueden converger nuestras culturas».Pero hay mucho más: una carrera inspirada en los encierros taurinos, música flamenca e incluso una pintoresca instalación de ganchillo que cubre el callejón llamado Church Alley.«Se trata de redescubrir y preservar algo que estuvo a punto de caer en el olvido», de que sus hijos y nietos «estén orgullosos de este legado y nunca lo olviden», afirma.
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