El hombre que le da vida a la piedra: Patricio Rotela, maestro artesano de Santa María
En la compañía San Jerónimo del distrito de Santa María, Misiones, donde la tranquilidad del campo solo se interrumpe por el sonido del cincel y el martillo, Patricio Rotela transforma la piedra en arte.
Desde hace más de 35 años, este maestro artesano dedica sus días a esculpir imágenes sacras, murales y figuras que hoy embellecen hogares, capillas y espacios públicos de distintos puntos del Paraguay.
Lo que comenzó como la curiosidad de un niño de apenas 13 años terminó convirtiéndose en una vocación, un medio de vida y un legado que busca transmitir a las nuevas generaciones.
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Con paciencia, creatividad y una habilidad forjada por décadas de trabajo, Rotela demuestra que incluso la roca más dura puede convertirse en una obra cargada de historia y sentimiento.
“Trabajando en este rubro tengo más de 35 años. Comencé como un juego cuando tenía 13 años. Primero escribía por la tierra, después dibujé sobre la piedra y luego empecé a tallar. Yo no tuve un profesor ni una persona que me enseñara; esto surgió de mi interior”, relató.

Con el paso de los años, el talento se fue perfeccionando a fuerza de práctica y dedicación. Más adelante encontró la oportunidad de formarse en el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), donde obtuvo el título de maestro artesano.
“Con la práctica fui perfeccionando mi trabajo hasta que, gracias al Instituto Paraguayo de Artesanía, pude estudiar y graduarme como maestro artesano”, expresó.
Del patio de su casa a reconocimientos y recomendaciones
Sus primeras esculturas nacieron en el patio de la casa de sus padres, al lado de la vivienda donde hoy tiene su taller. Sin publicidad y únicamente gracias al boca a boca, sus trabajos comenzaron a ganar reconocimiento entre vecinos y clientes que recomendaban sus obras.

“La gente veía mi trabajo, compraba y después le contaba a otra persona. Así se fue corriendo la voz”, recordó.
Con la llegada de las redes sociales, su arte cruzó las fronteras de San Jerónimo y empezaron a llegar pedidos desde diferentes ciudades del país.
Un mural que contará la historia de Santiago
Actualmente trabaja en uno de los proyectos más importantes de su carrera: un mural para la comunidad de Santiago, Misiones, donde las piedras talladas relatarán parte de la historia de las reducciones jesuíticas.
La figura principal será San Isidro Labrador, cuya imagen toma forma lentamente entre sus manos.
Cada obra requiere tiempo y precisión. Según explicó, una estatua de San Isidro Labrador demanda alrededor de dos semanas de trabajo y tiene un costo aproximado de G. 12 millones.
Además de imágenes religiosas, también realiza esculturas para jardines, entradas de viviendas, monumentos y piezas decorativas, adaptando cada creación a los pedidos de sus clientes.
Un legado que también enseña
Más allá de esculpir piedra, Patricio Rotela quiere dejar un legado. Por eso abre las puertas de su taller a niños y jóvenes que desean aprender este oficio, convencido de que el conocimiento debe compartirse.

“Esta noble profesión le da el pan de cada día a mi familia. Por eso también quiero enseñar a quienes quieran aprender”, afirmó.
En cada piedra que llega a su taller, Patricio Rotela ve una obra escondida esperando salir a la luz. Con más de tres décadas de trabajo, ha demostrado que el verdadero arte no solo se crea con las manos, sino también con la paciencia, la pasión y el corazón de quien es capaz de darle vida a la piedra.
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