La grieta nos esclaviza
La grieta política hace imposible avanzar en el camino hacia el desarrollo, nos encadena irremediablemente al atraso y nos arrebata la esperanza de un futuro mejor.
La grieta nos lleva a los argentinos a concebirnos como parte de bandos irreconciliables dando lugar así a la división y el enfrentamiento entre nosotros mismos. La grieta impide consensuar ciertos acuerdos básicos, particularmente en el terreno económico y social, que contribuyan a generar confianza: el activo clave del que hemos carecido por décadas.
En efecto, la falta de confianza es la causa principal por la cual se han postergado tanto definiciones de inversiones empresariales como individuales, lo que trajo como resultado un muy pobre desempeño de nuestro país en materia de desarrollo.
Generar confianza implica trabajar para brindarle un horizonte de previsibilidad al accionar de todos los agentes económicos. Es decir, una perspectiva de futuro sin cambios abruptos de rumbo, sin el temor a una fuerte reversión del péndulo en materia de políticas económicas.
Para hacer crecer la confianza es imprescindible reducir la grieta política. En lo concreto esto significa lograr que entre los diferentes partidos políticos argentinos -en el marco de un contexto de “amistad cívica”- se acuerde avanzar en unos pocos “consensos básicos” clave.
Para alcanzar un verdadero impacto en las decisiones de los agentes económicos, estos consensos no deberán ser numerosos: unos pocos muy concretos, sumados a definiciones muy rigurosas en cuanto a cómo se mide su cumplimiento, bastarán. Los acuerdos de orden general que solo enuncien propósitos loables no cambiarán el escenario de fondo y postergarán la recreación de la confianza.
El listado de consensos básicos necesarios para generar una mejora significativa en el clima de inversión -en la actual coyuntura- debería incluir compromisos precisos en materia de equilibrio fiscal, límites a la deuda pública, reducción de la presión tributaria, ampliación del mercado de capitales y respeto de los contratos.
Es evidente que lograr estas metas aquí expuestas será muy difícil. Pero, avanzar en la consolidación de un régimen republicano de gobierno, por ejemplo, también significó un gran esfuerzo de nuestro país, y no hay duda que hemos avanzado decisivamente en este campo.
Chile, España, Israel, Uruguay, por ejemplo, han progresado consensuando acuerdos básicos tanto en el campo político como en el económico. La tan esquiva confianza podrá conseguirse en Argentina cuando comencemos a coincidir en esta última dimensión imprescindible para que el desarrollo sea posible.
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